lunes, 16 de enero de 2017

FRANCISCO ROBLES: «Aquella España era un sitio en el que se comía fatal».


La semana pasada compartía la entrevista que me concedía un escritor sevillano al hilo de la publicación de una novela histórica ubicada en la Sevilla napoleónica. Esta semana no queda allí la cosa, también comparto la entrevista que me concediera otro escritor sevillano, Francisco Robles, autor de la novela ‘La maldición de los Montpensier’ (Algaida) que tiene que ver con Sevilla, pero lo más importante, es la novela con la que ha obtenido el II Premio Internacional de Novela Solar de Samaniego. El premio se libró en Laguardia (Álava) donde pude conocer al autor y felicitarle por el galardón brindando con vinos de la Bodega Solar de Samaniego. Era mi segundo viaje a la maravillosa localidad alavesa a resultas del premio, por lo que espero que mis lectores tengan a bien que al pie de esta entrevista incluya un enlace al entrevistado por el galardón del I Premio Internacional de Novela Solar de Samaniego.

Regresando a la entrevista con Francisco Robles, decir que preferí preguntarle, como a veces acostumbro, por algunas frases que me han llamado la atención en la novela. También se trata esta, ‘La maldición de los Montpensier’, de una novela histórica en una época en la que reinaba en nuestro país una mujer, concretamente Isabel II. La verdadera protagonista de esta novela, sin embargo, es su hermana, la infanta María Luisa Fernanda que, poco antes de su destierro a Sevilla, comentaba a su marido que: ‘No nos querían en París, no nos querían en Inglaterra, y ahora no nos quieren en mi propia ciudad’. Una situación nada fácil y Robles me dice que «no la querían en ningún sitio, no porque ella fuera como era, sino porque su matrimonio con el duque de Montpensier, celebrado al mismo tiempo que el de su hermana Isabel II con Francisco de Asís, supuso un auténtico terremoto político en Europa, no ya en España, sino en Europa, porque ante la posibilidad de que la Reina Isabel muriera pronto, por enfermedad, o porque no tuviera descendencia, el trono pasaría a María Luisa. Y María Luisa Fernando estaba casado con un francés, con lo cual, imagínate la distorsión política que habría en los grandes estados, en las grandes potencias de la época». Sobre lo de la distorsión, aclara que «en París no los querían porque el pueblo francés ya no quería a Luis Felipe, no a ella; en Inglaterra no la querían porque la reina Victoria se opuso a ese matrimonio, ya que podía haber dado con un rey francés en España y ninguna potencia quería que en un país hubiera un rey de una tercera potencia. Y aquí no la quería su hermana Isabel II, pero no a ella, al que no quería era al duque de Montpensier, que era un conspirador, con lo cual, fue rebotando la pobre de París a Londres, de Londres a Madrid y de Madrid, por fin, a Sevilla». Respecto a lo del rebote de la infanta y su marido, le apunto a Robles otra frase que aparece en la novela, una de la reina Isabel II en una conversación a Narváez. ‘Ahora resulta que quien ha decidido que mi hermana se vaya con el francés a Sevilla soy yo’. Con ella parece protestar ante la propuesta de Narváez del “destierro” a Sevilla. Luego añade: ‘Así se escribe la historia.’ Le pregunto si realmente sucede así, si se escribe en realidad así la historia, a lo que Robles me dice que sí. «Claro, porque Isabel II le pide a Narváez una solución, Narváez dice, bueno, pues los mandamos a Sevilla; pero claro, cuando uno manda, la decisión la toma el que manda, para el pueblo ¿quién toma la decisión?, pues Isabel II. Ten en cuenta que en aquella época aún no existe el ferrocarril Madrid-Sevilla». No puedo sino sonreír con esto último y le digo en broma que ni el AVE Madrid Sevilla. «El AVE Madrid Sevilla mucho menos», se dice sonriendo, luego comparte conmigo una curiosa reflexión al respecto. «Pero es curioso porque pensamos que la revolución es el AVE, pero la revolución no es el AVE, es el ferrocarril. El AVE es la mejora de la revolución. Vamos a ver, no es lo mismo ir de Madrid a Sevilla en una semana que en doce o catorce horas. Ya de las doce o catorce horas te las rebajan a dos o tres, eso es una mejora, pero lo gordo es tardar siete días en una diligencia cruzando Despeñaperros horroroso todo a hacerlo en el ferrocarril. Los viajeros tenían que adaptarse a las rutas de los militares».

Un poco al hilo de esta visión de quienes vivían o mejor dicho, viajaban por España a mediados del siglo XIX, le indico otra frase que tengo anotada de su novela, cuando al poco de concluir el enlace entre la protagonista de ‘La maldición de los Montpensier’ y el duque de Montpensier, Latour se dirige a aquella y le dice que ‘a los españoles les falta perspectiva para conocerse a sí mismos’, o esta otra: ‘Esto no es Europa, algo que no es bueno ni malo en sí mismo. España siempre me pareció el norte de África y no el Sur de Europa’. Robles sonríe y casi asiente al decir que «los franceses, que son tan orgullosos y tan vanidosos, pensaban que Europa se acababa en los Pirineos, pero al mismo tiempo reconozco que tenían buena dosis de razón. Aquella España era un sitio, por ejemplo, en el que se comía fatal. Se comía tan mal que se iba uno a una venta y no había nada que comer. Eso les llamaba mucho la atención a los franceses, y aquí había costumbres que eran impensables en Francia. Ten en cuenta que Latour viaja con el duque de Montpensier, cuando este es joven todavía, por el Norte de África, por Egipto, ese exotismo les llama a ellos mucho la atención porque eso no existía en Francia, entonces, encontrar en un país europeo monumentos de estilo islámico, almohade, almorávide, califal o nazarí, para ellos eso era muy llamativo».



Francisco Robles (Sevilla, 1963) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla. Profesor de Lengua Española y Literatura en excedencia. Actualmente es articulista de ABC y director de Protagonistas Sevilla, en ABC Punto Radio. En Tele-Sevilla dirige y presenta el programa Cómo está Sevilla. Ha publicado entre otras obras Poesía eres tú: Bécquer, el poeta y su leyenda, 2004. Mester de progresía: Teoría y praxis del progre ibérico o como quedarse con el personal, 2005. Historia de Sevilla, con Álvaro Pastor Torres, 2006. Semana Santa: antología literaria, 2006. Hijos de la LOGSE: claves para entender y superar el fracaso educativo, 2008. Trío de capilla, con Javier Rubio y Juan Miguel Vega, 2008.
Enlace a la entrevista con Luis del Val, ganador del I Premio Internacional de Novela Solar de Samaniego. 
Enlace a la reseña del acto de entrega del II Premio Internacional de Novela Solar de Samaniego.

lunes, 9 de enero de 2017

MANUEL SANCHEZ-SEVILLA: «Uno normalmente suele escribir de lo que conoce».


Puede parecer que se cae en un tópico al decir o referir esa simpatía y amabilidad de los andaluces, de los sevillanos para más señas. Lo sería decir que Sevilla tiene un color especial, claro.
 Si no ha mucho entrevistaba al escritor onubense Hipólito G. Navarro y afirmaba que tardamos poco en echarnos unas risas entre pregunta y pregunta, qué no decir del entrevistado de esta semana. Más que risas, me encantó descubrir que Manuel Sánchez-Sevilla tiene esa facilidad de palabra de quien enseña, de quien cuenta y magnetiza; seduce con sus historias. Me guardo para mí la anécdota de cómo un profesor, siendo él siendo muy joven, le animó a convertirse en escritor a base de dejar sobre una mesa un paquete de folios, un bolígrafo y una hora larga donde tocaba escribir o nada.

Sevillano de nacimiento, más allá de su apellido literario, la novela por la que me concede esta entrevista también tiene a la capital hispalense como marco argumental. La novela ‘El tesoro del Alcázar’ está publicada por la editorial sevillana Algaida.
Volviendo a la novela y a Manuel Sánchez-Sevilla, comienzo por preguntarle si lo de ubicarla en su ciudad era una especie de deuda que tenía. Dice que sí, «Yo soy sevillano, y mis anteriores novelas una estaba ambientada en Roma y otra en Córdoba, yo trabajo en Córdoba hace ya bastantes años, entonces llegó un momento en que dije, incluso mis amigos de Sevilla y mi familia me decían: ‘Ambientas tus novelas en todos lados menos en tu ciudad’. Y es cierto, tenía una pequeña deuda con ella, y espero haberla saldado con ‘El tesoro del Alcázar’, o al menos haber empezado a saldarla. Aparte que toco una etapa poco conocida de la ciudad y se juntó todo».
Teniendo en cuenta que es una deuda, me atrevo a preguntarle cómo se sabe si uno la ha saldado y de qué depende, si acaso de los lectores, de si piden otra o no. Me dice que no, que «depende de ti mismo, si estás satisfecho, si dices, bueno, ya tengo una novela ambientada en mi ciudad. El problema de esto, es que uno normalmente suele escribir de lo que conoce, y evidentemente a mí me costaría mucho más trabajo escribir sobre Santnder que sobre Sevilla o Córdoba, claro, o Cádiz».
 Santander es una ciudad que conozco, no tanto como mi ciudad, Valencia, por lo que le digo que otro ejemplo, en su caso, sería Valencia. «O Valencia, sí. Uno intenta escribir sobre lo que conoce, es la lógica, ¿no?». Creo que tiene razón, y retomo algo que ha mencionado hace poco, lo de la etapa ‘poco conocida’. Le refiero así que hablar de Andalucía, en la época napoleónica, es evocar Bailén o Cádiz como referentes de batallas y resistencias honorables. Pero que su novela ‘El tesoro del Alcázar’ ocurre en Sevilla, ¿qué pasó, le pregunto, en esta ciudad que no ocurrió en Bailén o Cádiz? Y asintiendo me cuenta con mimo: «Pues verás, Sevilla estaba preparada para resistir como resistió Zaragoza, por ejemplo, de ahí el inicio de El tesoro del Alcázar, la Junta General de gobierno estaba en Sevilla, que era, digamos, el gobierno provisional de la nación; estaba la población armada, estaban las piezas de artillería, las murallas preparadas para resistir». Aquí me acuerdo de la novela de una amiga y le digo que al contrario que lo sucedido en Madrid en 1808, que les pilló por sorpresa. «Claro -dice-. ¿Qué es lo que ocurrió? Que una semana antes de que llegaran las tropas francesas que habían salido de Córdoba en dirección Sevilla, la Junta General desaparece, es decir, los que tienen que comandar esa resistencia se van para Cádiz, la Junta General salieron a la altura de Carmona, que está a unos 40 o 50 Km de la ciudad de Sevilla, y entregaron las llaves de la ciudad y les dijeron que no atacaran Sevilla porque no iba a resistir. Así que todo lo que estaba preparado para resistir se quedó en nada. Lo que pasa es que la gente de Sevilla, después, estaba resistente, era un invasor, aunque decían que iban a traer trabajo, la cosa estaba muy mala, como se dice ahora, y vienen los franceses, hacen obras, pagan, que es importante, dan trabajo…, entonces hubo una mezcla extraña entre animadversión al invasor y decir, ‘bueno, no los quiero, pero, me están dando de comer’. Decía Napoleón: Los españoles, entre ellos, se tiran los trastos a la cabeza, una región contra otra, los del norte con los del sur, los del centro con los del este, pero son sus problemas, que no venga nadie de fuera a arreglar sus problemas».
No sé si Napoleón tenía razón o no, pero al oír a Manuel Sánchez-Sevilla aquello, me suena demasiado cercano, coetáneo. En cualquier caso, confío en que haya saldado su deuda con Sevilla y los lectores se animen a leer su novela y, por descontado, a visitar la ciudad, como pude hacer en 2006 gracias a la editorial Algaida.

Sevilla tuvo que ser.
Manuel Sánchez-Sevilla es el pseudónimo de José Manuel Sánchez Rodríguez (Sevilla 1974), escritor sevillano caracterizado por narraciones sencillas, capaz de transportarnos en el tiempo con sus novelas. Su debut literario ocurrió con ‘Como la vida misma’, un compendio de relatos cortos donde la humanidad caracteriza cada historia. ‘Gaia Augusta’ fue su primera novela histórica y con la que ha cosechado éxito de críticas tanto en España como en Sudamérica. En ‘El enigma de las Seis Copas’, su segunda novela, nos traslada a la Al-Andalus profunda, donde misterio y ciencia se dan la mano. En ‘El tesoro del alcázar’ continúa apostando por el género histórico, un territorio que le atrae particularmente.

martes, 3 de enero de 2017

HIPÓLITO G. NAVARRO: «Han sido 12 años para preparar y construir la publicación de este libro».


Entrevisto a Hipólito G. Navarro en el hotel del centro de Valencia de costumbre. Pronto encontramos la complicidad precisa para que surja un clima distendido y algunas risas, por ejemplo, al comenzar preguntándole por algo que he leído en algún sitio sobre que lo que de verdad le gusta es titular y subtitular más que escribir cuentos. Se ríe y dice que «es una broma que siempre hago, pero sí, si me gusta poner títulos».

De este autor había leído, hasta este libro de relatos, algunos microrrelatos por lo que hilvano lo de los títulos, por su brevedad, con lo de que quizá por eso le guste el género del microrrelato. «Los microrrelatos me fascinan –dice–, es un género que me da un poco de miedo, porque rápidamente se cae en una tontería, en un chiste, en una gracieta».
Creo que ahí le comento que también escribo, que comparto su afición por los microrrelatos, aunque prefiero preguntarle por los doce años que lleva sin publicar, en barbecho, como si dijésemos, aunque no todo va a ser publicar libros en esta vida, subrayo. Por alguna razón pienso en voz alta una frase de Saint Exupèry que, afortunadamente, le saca una sonrisa.

«Han sido 12 años para preparar y construir la publicación de este libro nuevo y viejo porque tiene textos que me acompañan desde hace mucho tiempo, pero dices muy bien en tu pregunta que no han sido 12 años perdidos, durante estos 12 años he sido columnista en la prensa andaluza, he colaborado en muchos libros colectivos, he hecho prólogos, he dado charlas en cuatro continentes, no he estado separado del mundo literario y la literatura, pero si de un libro nuevo que me asustaba un poco…» Los puntos suspensivos son porque me cuenta que su anterior libro, gracias a los lectores, dejó muy buenas impresiones, no en un listón alto o bajo, afirma, pero sí quería que su siguiente libro estuviera peinado y repeinado (sic).

Consulto mi libreta para preguntarle, entre tanto relato, por una doble imagen pictórica, la de un muchacho encendiendo una vela, alusiva a un cuadro de El Greco que acompaña al relato ‘Luisito Tristán’. Me cuenta que el origen de este relato vino de la editorial Seix Barral, de un encargo que les hicieron a 25 escritores entre los que se encontraba. «Nos pidieron que escribiéramos un texto a partir de un cuadro de El Greco por el cuarto centenario…». Me da detalles del encargo, de su interés en que en este libro apareciera el texto y las fotografías.

Le pregunté  a continuación por otros relatos, por algunas frases tomadas aquí y allá, creo que me quedo con lo que comentó cuando le sugerí que me comentase esta: ‘Hasta el amor más poderoso y las manos más tendidas acaban cansándose al cabo de los años’, que leemos en ‘Verruga Sánchez’. Asintiendo, me cuenta que «este es el parlamento de una mujer que ve que su compañero está destruido, derrotado, se ha descubierto a sí mismo como un ser lamentable y ella intenta levantarlo con todo el cariño del mundo, pero cuando ve que ese hombre no es capaz de salir de ese pozo de locura y de amargura ella llega a decir, en algún momento, que una mujer no puede estar pariendo todo el tiempo al hombre que ama, y que hasta el amor y las manos más tendidas acaban cansándose, alguna vez hay que aferrarse a él y tirar hacia delante. En algunos de mis cuentos hay algunos personajes derrotados, pero siempre hay alguien que les tiende una mano, que les da una oportunidad, pero tienen que ser ellos los que han de coger esa mano».

La entrevista sigue, pero creo que los lectores agradecerán como en el aforismo de Baltasar Gracián, que por su brevedad pudiera parecer un microrrelato, aquello de que ‘lo bueno si breve, dos veces bueno’.

Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961) es autor de los libros de relatos El cielo está López (1990), Manías y melomanías mismamente (1992), El aburrimiento, Lester (1996), Los tigres albinos (2000) y Los últimos percances (2005, Premio Mario Vargas Llosa NH a mejor libro publicado), y de la novela Las medusas de Niza (Premios Ateneo de Valladolid 2000 y de la Crítica andaluza 2001). Con la antología El pez volador (Páginas de Espuma, 2008), preparada por el escritor Javier Sáez de Ibarra,  recibió el Premio El Público de Narrativa 2009, otorgado por los periodistas culturales de Andalucía. Durante los años 1994 y 2001 editó la revista Sin embargo, dedicada al cuento literario. Fue el responsable de la edición de los cuentos completos de Fernando Quiñones, Tusitala (Páginas de Espuma, 2003). Sus relatos, traducidos a diez idiomas, están recogidos en numerosas antologías del género en Europa y Latinoamérica.
Foto: https://www.facebook.com/hipolito.g.navarro?fref=ts

lunes, 2 de enero de 2017

MIGUEL GRIOT: «Mi objetivo era ser lo más fiel posible a lo ocurrido».


Primera entrevista del año, la que me concedió Miguel Griot acerca de su novela ‘Iqbal Masih, lágrimas, sorpresas y coraje’ (Oxford University Press).
He de decir que esta novela llego a mí gracias al blog de Margari Estévez ‘Mis lecturas y más cositas’, desde aquí quiero mandarle un saludo y otro también muy especial a Amelia Giménez.

¿Por qué elegiste a Iqbal Masih para escribir precisamente tu primera novela?
Fue un personaje que conocí tangencialmente cuando trabajaba en elmundo.es. Ya entonces me resultó fascinante y me entristeció que su historia hubiera caído en el olvido. Así que resultó muy natural rescatar su vida para mi primera novela. 
En ella asistimos a un relato cronológico de la vida de Iqbal, comenzando con su nacimiento y conformado a través de los testimonios de personas que le conocieron. ¿Cómo se te ocurrió este tipo de trama, con varias voces sucesivas, para darnos a conocer la vida del gran protagonista de la novela?
Confieso que primero fue la necesidad. Al existir previamente varios libros sobre él, debía hacer algo diferente. Elegí esta fórmula porque me permitía no solo hablar sobre él, también explicar cómo funciona el sistema de trabajo forzado en Pakistán y, por último, presentar a Iqbal como un ejemplo de que hay que aprovechar las oportunidades que da la vida.
La forma de expresarse de estos, llamémosles personajes orales, es muy parecida a lo largo de sus testimonios, salvo alguna excepción, ¿fue una decisión meditada, querías que los lectores se centrasen más en la historia que en los narradores?
Bueno, más que en el lenguaje, mi objetivo era la perspectiva de cada uno de ellos tanto respecto al trabajo forzado como a su visión sobre Iqbal.
Creo que el tema de fondo es el drama de la explotación y esclavitud infantil, quizá por ello no todos los relatos son positivos o halagüeños, sí en su mayoría; es curiosa la apreciación, por poner dos ejemplos, de la opinión de la mujer rica, la esnob americana; o la del alumno y compañero de una escuela estadounidense a la que acude Iqbal. ¿Las miradas relativizan la realidad?
La esclavitud infantil existía en tiempos de Iqbal, existe ahora y prácticamente nos acompaña desde que el homo erectus se apoyó sobre dos patas, porque la toleramos. Más que relativizar la realidad, nuestras visiones la construyen. El cartógrafo no se puede separar del mapa.
Decía antes que el tema de fondo es una de las lacras sociales que afectan, aún hoy, sobre todo al tercer mundo, no en exclusiva, que quizá quieras agitar conciencias. Me pregunto si el libro está orientado a un público juvenil, más o menos sensible con esta realidad, o más bien a uno adulto con recursos y posibilidad de tomar cartas en el asunto.
Muy buena pregunta. Tanto el formato como el lenguaje son indudablemente de literatura juvenil, aunque hay muchos adultos que la han disfrutado. Cierto, esos jóvenes no pueden tomar cartas en el asunto… ahora. Pero les dará una visión más amplia de lo que ocurre en el mundo que heredarán y están llamados a construir. 
Que en la portada se vea un niño de espaldas ¿no es un tanto metafórico aunque al revés, en realidad no somos los que estamos a este lado quienes parece que le demos la espalda a Iqbal y a muchos niños como Iqbal?
La portada es un gran logro de la editorial, y lo cierto es que fue todo idea suya. Sí, comparto plenamente tu visión.
Por último, me gustaría saber acerca del proceso de documentación que has llevado a cabo para escribir ‘Iqbal Masih, lágrimas, sorpresas y coraje’, en especial desde esa óptica de los medios de comunicación y los escritores con una función, si no divulgadora, al menos sí social con su trabajo, con su esfuerzo.
El proceso de documentación fue largo pero nada difícil. Hay toneladas de información sobre Iqbal Masih en la Red, solo hay que saber buscarla. En ese sentido el informe de lo sucedido por el Movimiento Cultural Cristiano, los reportes de periódicos de Pakistán de la época, el sindicato BLLF, la web endslavery.com… Mi objetivo era ser lo más fiel posible a lo ocurrido y al mismo tiempo construir una historia amena para los lectores. Por eso escogí el género de biografía novelada, que me ofrecía esa libertad.

Miguel Griot nació en Salamanca (España) tras licenciarse en Derecho en Salamanca se mudó a Madrid colaboró en la web, elmundo.es, como redactor. Los últimos años de actividad profesional se ha centrado en la formación dentro del sector de las telecomunicaciones, además de a escribir. Su primera publicación fue el  relato “El Rey de Abría no se llamaba Guelfi”. En 2005 Timun Mas publicó sus “Cuentos de Cura Sanita”, obra recomendada en Sant Jordi por la Asociación de Libreros de Girona. “Iqbal Masih, lágrimas, sorpresas y coraje” vio la luz en 2008. En 2012 su novela inédita “Yus no quiso ser romusha”, quedó entre las doce finalistas del premio EDEBÉ. Actualmente escribe una serie para ebooks ‘No Pasarán Z’, una perspectiva muy personal del genero zombi.

martes, 27 de diciembre de 2016

PREMIOS PLANETA 2016: DOLORES REDONDO y MARCOS CHICOT

He decidido que este la última entrevista del 2016 en Maleta de libros sea la que me concedieron la ganadora y el finalista del Premio Planeta de Novela. Me refiero, respectivamente, a Dolores Redondo y Marcos Chicot; ambos concedieron una rueda de prensa para los medos valencianos en un céntrico hotel de Valencia. Tras posar para las fotografías de rigor, tuvieron a bien contestar durante casi una hora a un buen número de preguntas.

Dolores Redondo habló sobre el protagonista, la especial dedicatoria y la ubicación de ‘Todo esto te daré’ (Planeta, 2016).
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D.R.: El protagonista es un guardia civil retirado, en unas circunstancias especiales y un tipo al que le repugna este tipo de poder, el que haya gente, familias o grupúsculos a los que se les siga prestando servicios, el que todavía exista un servilismo para que ni siquiera aquellos tengan que pasar por el bochornoso trámite de pedir un favor. Esto es algo que está caracterizado en la novela como una familia noble gallega, pero a todos se nos puede venir a la memoria familias de políticos, familias de empresarios, familias poderosas en nuestro país de las que se sabe que han estado implicadas en accidentes de tráfico a personas huidas de la policía de las que se han librado y en situaciones en las que a los demás nos llevaría a dar con nuestros huesos en la cárcel como mínimo.

D.R.: Le he dedicado la novela a mi padre porque se refleja el carácter gallego, él es un gallego que se vino al País Vasco hace muchísimos años y apenas ha regresado a Galicia puntualmente para alguna celebración y tal, pero está desubicado de Galicia. Si habéis leído la dedicatoria, les he dedicado la novela a mis padres porque cuando era pequeña me parecían algo así como Romeo y Julieta, me parecía muy romántico que él se hubiera casado con mi madre a pesar de la opinión en contra de la familia, solo porque ella era del País Vasco y él era gallego. Sus padres tenían otro proyecto para él y no les apetecía mucho esta boda, se pensaban que le iban a perder, y le perdieron, pero no porque se fuera a otra región sino precisamente por el rechazo de su familia.

D.R.: Galicia era el lugar adecuado para hablar de caciquismo, creo que la podía haber ubicado en otros lugares del país, pero luego está también el tema del escenario. Si la Ribeira Sacra hubiera estado en Andalucía la hubiera ubicado en Andalucía, pero la Ribeira Sacra está en el corazón de Galicia y se prestaba perfectamente para ubicar esta novela. Fue mi hermana la que me descubrió este lugar, ella vive cerca de allí, pero desde hace poco tiempo. Ella sabe que me gustan los escenarios muy exigentes, los lugares un poco hostiles que de entrada no sean el lugar perfecto e idílico donde uno ubicaría una acción pero exprimen a los personajes, les obliga a sacar lo mejor y lo peor de sí mismos, y me sirve para caracterizar a Manuel cuando llega a la Ribeira Sacra en el peor día de su vida con la peor noticia a espaldas y que de entrada le parece hostil, con una serie de cosas que le parecen raras, con familias que viven en pazos, que todo esto es verdad, existe en la Ribeira Sacra. Es habitual, casi todos los pazos pertenecen a familias nobles.
Marcos Chicot respondió acerca de su thiller histórico ‘El asesinato de Sócrates’ obra con la que ha resultado finalista y de cómo este premio ha modificado en parte su día a día.

M.Ch.: Lo que intento mostrar es la democracia, la Grecia clásica con todas sus facetas y todas sus luces y sus sombras. A veces digo que se produjo una especie de Big Bang hace 1500 años cuando lo que surge no es el universo, como en el Big Bang original, sino que lo surge somos nosotros, el hombre, tal como nos concebimos, tal como somos, la civilización y la cultura, porque se perfecciona el pensamiento a un nivel muy superior al que había. Se alcanza un nivel de perfección en la escultura, en la música, en la pintura…, surge la medicina como ciencia con Hipócrates, la Historia con Tucídides y Heródoto, surge el teatro, se alcanza la perfección en la literatura con Eurípides y Aristófanes, se alcanza la democracia, surgen los grandes pensadores, surge Sócrates. Se habla de los presocráticos en el pensamiento porque Sócrates es una frontera, un antes y un después en el pensamiento y, por tanto, de la Humanidad.

»Estamos hablando de una época absolutamente única y de un personaje absolutamente único. Eso, hoy en día, es poco conocido, se conoce poco, los clichés, cuatro ideas básicas, por eso el asesinato es una metáfora, lo que quiero es resucitar a Sócrates. Como decía, luces y sombras en el aspecto de la democracia, por ejemplo muestro la primera democracia del mundo y, por tanto, es la primera aparición de los políticos profesionales, de las primeras corruptelas y de los primeros demagogos.

»Es una novela de personajes, aunque Sócrates es un personaje importante con su faceta publica, su faceta de filósofo, pero me interesa más la personal, el Sócrates padre de tres hijos, el Sócrates marido de una mujer mucho más joven que él, su vida conyugal, el Sócrates que sufre cuando mueren sus amigos en una epidemia de peste que vemos en la novela, o durante la guerra, el Sócrates soldado, algo poco conocido, pero sabemos que participó, como poco, en tres grandes batallas, por ejemplo, en aquella guerra brutal entre Atenas y Esparta. Estas son las facetas desconocidas pero documentadas de Sócrates que quería mostrar en la novela, pero ante todo es una historia de intriga, es una historia de aventuras, es una historia de amor y una historia de enganchar al lector como ya hice con ‘El asesinato de Pitágoras’.

M.Ch.: Es una ruptura en nuestra dinámica de la vida en la medida estamos alejados de nuestros hijos y de nuestros cónyuges que es con quien nos gusta estar, en ese sentido es una ruptura, pero la actividad promocional y recibir un premio en este caso forma parte de nuestra vida, es lo normal. Un escritor que tiene la suerte de publicar, de tener muchos lectores, le dedica un tiempo a escribir y otra parte a la promoción. Llevamos los dos mucho tiempo escribiendo, al principio eran tiempos duros, como para cualquier escritor, novelas de aprendizaje, novelas en un cajón, cartas de rechazo de editoriales, luego publicamos, hemos tenido más o menos éxito, mucho en el caso de Dolores, aunque yo estoy muy contento con lo que me ocurrió con ‘El asesinato de Pitágoras’, y ahora con el Planeta adelantas varias casillas de golpe.
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Dolores Redondo (Donostia-San Sebastián, 1969) estudió Derecho y Restauración gastronómica, y durante algunos años se dedicó a distintos negocios. Comenzó escribiendo relatos cortos y cuentos infantiles, y la novela ‘Los privilegios del ángel’. Su  trilogía del Baztán se ha convertido en un fenómeno editorial en los últimos años. Su novela ‘Todo esto te daré’, es la obra ganadora del Premio Planeta 2016.

Marcos Chicot, (Madrid, 1971) es economista y psicólogo clínico, abandonó el mundo de la empresa en 2004 para centrarse en la escritura. Ganador del Premio de Novela Francisco Umbral con su novela ‘Diario de Gordon’, también ha ganado el Premio Rotary Internacional de Novela resultando finalista de los premios Max Aub, Juan Pablo Forner, o el Ciudad de Badajoz. Su novela ‘El asesinato de Pitágoras’ se convirtió en el ebook en español más vendido del mundo en 2013. Con ‘El asesinato de Sócrates’ ha resultado finalista del Premio Planeta 2016.