miércoles, 24 de agosto de 2016

Fernando Ortega: «Quería contar una historia de búsqueda y aprendizaje».



Esta semana traigo a Maleta de libros una entrevista de archivo. Llegué a la obra con cierta curiosidad no solo por la temática –el ajedrez–, también el título me sorprendió ya que uno de mis libros de relatos se titula ‘El hechizo de la mujer dragón’. Entrevisté así a Fernando Ortega, autor de El hechizo de Caissa (Viceversa, 2011). Según el mito, Ares -dios de la guerra- le regaló un ajedrez a la esquiva Caissa para seducirla, y fue así como ella se convirtió en la musa del ajedrez.
  Aun siendo una historia con el ajedrez como ‘tablero’ (si se me permite el guiño), es una novela sobre la iniciación a la vida: sobre los secretos que se esconden detrás de los silencios que separan a padre e hijo, sobre la rebeldía y la desesperada búsqueda de identidad en la adolescencia, y sobre los sueños que perseguimos toda nuestra vida…

  Para comenzar preguntarte qué te llevó a elegir este juego tan apasionante y didáctico para desarrollar la historia y si tuvo algo que ver con tu labor docente.

  Quería contar una historia de búsqueda y aprendizaje y nada mejor que tratar un tema, una disciplina, que me era familiar y que tiene un enorme potencial literario: pasión por el juego, sana adicción, proceso de aprendizaje... Efectivamente, soy profesor y eso se nota en la novela, donde el tema educativo es tan importante como el mismo ajedrez.

  Obviamente también juegas al ajedrez, pregunta nuevamente obligada: ¿cuándo comenzaste a jugar?

  Allá por el año 96 comencé a jugar torneos y competiciones federadas, aunque ya de niño hice mis pinitos en entornos familiares.
  
Para entender y disfrutar de la novela no hace falta saber jugar al ajedrez, pero los que somos aficionados a él ¿qué vamos a encontrar de juego, de movimiento y reflexión?

  Es cierto que no es necesario conocer el ajedrez desde el punto de vista técnico. Me gusta decir que es una novela para aprender a comprender amar el ajedrez pero no para aprender a jugarlo. Sin embargo sí es cierto que los ajedrecistas identificarán situaciones, sentimientos y vivencias en las peripecias de Marcos (el protagonista) y muchas veces se sorprenderán diciéndose a sí mismos, “vaya, esto yo también lo hice” o “sí esto yo lo sentí también”. En la novela se narran dos momentos cronológicos diferentes. Por una parte la historia se narra en pasado (flash-back), y por otra una partida de torneo narrada en presente. En ésta pondré voz a los pensamientos internos del ajedrecista.

  No sólo por su juego sino por los valores que transmite o ha transmitido más allá del tablero ¿quién es o ha sido para ti el mejor jugador de ajedrez?

  Mi ídolo siempre ha sido Mijail Tahl por varias razones. Primero y cronológicamente porque de él fue el primer libro de ajedrez que leí y el que realmente me empujó hasta el mundo de la 64 casillas. Segundo, porque es el estilo de juego que admiro. Y tercero por lo que representa como idea ajedrecística: el juego imaginativo como estilo representativo, el riesgo y las combinaciones tácticas como forma de entender el ajedrez. 

 Como jugador de ajedrez me gustaría saber qué partida o anécdota recuerdas con más cariño.

Sin duda una maravillosa partida con sacrificio de dama que jugué en el club ONCE, no sólo por la partida, sino también por un suceso gracioso que ocurrió. Volvía de los servicios tan ensimismado en los análisis de la partida (acababa de sacrificar la dama) que no vi la puerta de acceso de cristal y me estampé contra ella. Un compañero del club dijo: “Vamos Fer, no hace falta que montes el numerito, que no por eso te va a fichar la ONCE...” Risas de todos los jugadores.

Muchas gracias y mucha suerte, Fernando.

Fernando Ortega Andrés (Valencia, 1968). Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, trabaja como profesor en diversos institutos y colegios de enseñanza secundaria. Casado y padre de dos hijos, vive en El Puig (Valencia). De inequívoca vocación docente, es un defensor a ultranza del esfuerzo como base del aprendizaje, de la lectura como sustrato de la cultura, y de la perseverancia como clave para el éxito, valores todos ellos que intenta plasmar en ‘El hechizo de Caissa’, su primera novela.

Sinopsis
Marcos era sólo un niño cuando abandonó su país. Él ansiaba tener una madre afectuosa, pero en su lugar fue adoptado por Roberto, un hombre severo, solitario y envuelto en un halo de misterio. Fascinado por las partidas de ajedrez que juegan su padre y su abuelo, Marcos se rebelará ante la negativa de Roberto a enseñarle a jugar y se volcará en el aprendizaje por su cuenta. Pero lo que en un inicio sólo parece un juego se convertirá en una obsesión que le hará gozar y sufrir, conocer lugares y personajes memorables, pagar un precio quizá demasiado elevado e incluso llegar a descubrir un secreto del pasado…

lunes, 22 de agosto de 2016

'No estamos solos', El Gran Wyoming



El Gran Wyoming volvió a la carga con un segundo libro en la línea de su anterior ‘No estamos locos’ (2013), con ‘No estamos solos’  en 2014. Ya el título nos da la pista de su intención, antes incluso de abrir las páginas. ‘No estamos solos’ es una recopilación de testimonios de gente para nada anónima, ni en sus frentes diarios ni en este libro, donde aparecen con rostro, nombre y palabra tras palabra, eso sí, enhebradas por el omnisciente Wyoming que va tejiendo y opinando e incluso añadiendo notas a pie para los más despistados.

Testimonios de personas que han luchado, luchan y a poco que leamos nos damos cuenta que van a luchar por seguir sus ideales; ideales que, para sorpresa de algunos (quienes solo se nutren de titulares de prensa y televisión), son los ideales de la gran parte de los ciudadanos; hilos, muchas veces invisibles, en el verdadero lienzo de la recuperación en nuestro país.
Porque la crisis ya ha dejado de ser algo ambiguo, una palabra incómoda, esa que algunos no se atrevían a mencionar, a buscarle eufemismos, a maquillarla o (no hace tanto) a buscar síntomas de erradicación: la crisis late, vive, se manifiesta y en ‘No estamos solos’ puede casi palparse en forma de declaración, de alegato frente a la rendición por boca y tinta de algunas personas a las que Wyoming hilvana en este libro con su propia voz indignada.

Voces tan representativas como las de: Marina Garcés, Martín Segrera, Begoña Piñero, Juán Luis Ruiz-Giménez, Pedro Uruñuela o David Alegre. O como las de Morosito y El Eurito con la música como instrumento -más concretamente el flamenco-, para reivindicar sus happenings, sobre todo en entidades bancarias; la de Ada Colau, quien fuera activista de la reconocible Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), actualmente alcaldesa de Barcelona, evidenciando la realidad de los desahucios y quienes los han vivido en primera persona; la de Josep Fontana, profesor de Historia, para quien la primera regla es la de no resignarse: ‘defiende lo poco que todavía puedas defender de lo que te están quitando’; la de Juan Diego Boto, actor e hijo de actores, quien afirma que ‘nunca existió una política cultural que vincule el teatro con la educación, que es algo fundamental para crear espectadores’; la de Alberto San Juan, también actor, que aboga por ‘recuperar nuestra imaginación, porque es el instrumento más necesario para crear un mundo nuevo’; la de Àngels, Celestino y Alfonso, tres representantes de un movimiento surgido en torno al 15-M denominado los yayoflautas, con una idea clara que les une la de que ‘luchamos para que nuestros hijos y nuestros nietos vivan mejor que nosotros’; la de Itziar González Virós, arquitecta y restauradora de inmuebles que es capaz de afirmar algo como que ‘dudé entre dedicarme a la poesía o a la arquitectura, y pensé que en esta sociedad con tanto culto a la tecnología sí me hacía poeta tendría poco que rascar’.

Y un poco antes de los agradecimientos, a modo de corolario, El gran Wyoming cuenta la historia de un barrio de Valencia, el barrio del Cabanyal, como un buen ejemplo de que ‘juntos podemos crear las condiciones de una vida más digna, más justa y más equitativa…’

Se agradece que los testimonios se acompañen de más información sobre los distintos movimientos llevados a cabo por los protagonistas de este libro en forma de código QR.

No sé si recomendar justo estos días de calor veraniego este caluroso libro, pero he querido compartir la reseña aunque solo sea para que reflexionemos sobre una realidad a veces tan real que la ficción no puede superarla. 

 No estamos solos, de El Gran Wyoming. Planeta. 2014. 368 páginas.



viernes, 19 de agosto de 2016

'Una noche. Deseada', de Jodi Ellen Malpas



Si es verdad eso de que todas las comparaciones son odiosas en este caso me alegra comprobar que ‘Una noche. Deseada’ (Planeta, 2014) va a salir bien parada frente a otras novelas del género. En especial frente a la exitosa trilogía de las 50 sombras... llevada recientemente al cine. Comparten ambas que el personaje masculino es un hombre atractivo y con solvencia económica, la agradable sorpresa nos llega -no obstante- de quién lleva los pantalones y las emociones en este tira y afloja pasional.

El argumento de ‘Una noche. Deseada’, la primera entrega de la trilogía 'Una noche', gira en torno a un trato que  él, M., (que es la 'firma que le deja en una servilleta de papel) le propone a Livy (Olivia) tras conocerse en la cafetería donde ella trabaja a turnos, tras servirle un accidentado café. El trato: pasar 24 horas con ella. Veinticuatro horas sin resentimientos, sin compromisos, vamos, sólo placer sin límites... Solo que  Livy no está dispuesta a aceptarlo, por descontado, quiere más tiempo. M. (Miller) insistirá pero, para asombro de lectores (mal)acostumbrados al machismo en este género, la que tomará las riendas con su particular carácter va a ser Livy. 

Partida de ajedrez bien jugada por parte de la autora, logrando meternos de lleno en este torbellino de opuestos que se atraen.


Destacar el papel de la abuela de la protagonista, pues a Olivia la criaron sus abuelos desde pequeña en ausencia de su madre; un interesante secreto se nos cuela en forma de revelador cuaderno con datos sobre el pasado de su madre.

La otra comparación ganadora de ‘Una noche. Deseada’ frente a la popular trilogía ya mencionada, bajo mi punto de vista, es el contenido de las escenas sexuales: no son tan explícitas, su lenguaje y tratamiento convence, al igual que el vocabulario en ellas, alejado de la zafiedad y la escatología de otras autoras.

La continuación de ‘Una noche. Deseada’ creo que colmará las expectativas de l@s lector@s que busquen en las protagonistas algo más que mujeres pasivas, manipulables sentimentalmente.


Jodi Ellen Malpas nació en Northampton en 1980, donde vive junto a su familia. Mientras trabajaba en la empresa de construcción de su padre fue ideando la trama de la trilogía Mi hombre (Seducción, Obsesión y Confesión) que se ha convertido en el fenómeno digital del año. En 2012 decidió autopublicar Seducción, el primer volumen, y la masiva respuesta de sus lectoras la animó a terminar los demás. Catapultada hasta el número uno del New York Times, la trilogía convirtió a Jodi Ellen Malpas como la nueva reina de la novela erótica. 'Una noche. Deseada' es la primera, junto a 'Una noche. Traicionada' (2014) y 'Una noche. Enamorada' (2015)  forman la trilogía 'Una noche'.



miércoles, 17 de agosto de 2016

Rubén Figueres: «El empujón definitivo para esto fue Risto Mejide».



Entrevisté a Rubén Figueres en Valencia promocionando este libro de título tan original como lo fue la experiencia que le llevó a escribir ‘De Gandía a la Casa Blanca’ (Plaza y Janés, 2015). Porque uno puede ir a los USA de muchas maneras (p. ejem. de turista o a hacer las américas) y volver con un montón de fotografías de su viaje o con la mochila llena de experiencias tan enriquecedoras y tan motivadoras como las de Rubén Figueres y que tuvo a bien comentarme admitiendo que no siempre se planifican las cosas buenas que a uno le pasa pero que es importante ir sembrando semillas para que esa suerte florezca.

¿Cuáles fueron las motivaciones, las decisiones que tomó para llegar ‘de Gandía a la Casa Blanca’ y en general hasta aquí?

No fue algo premeditado, en cuanto a ‘tengo que hacer esto’, fue un proceso. Yo de Gandía salí pronto. Gandía es una ciudad pequeña en la que la gente tiende a quedarse, se vive muy bien allí, y yo a la hora de ir a la universidad me fui a Barcelona, no me fui a Valencia que sería lo normal. Una vez estás en Barcelona empecé a descubrir otras culturas, otros mundos y quería conocerlos, aparte de una inquietud que tenía. Cuando terminé tenía la necesidad, quería vivir un año o dos años fuera para poder absorber una cultura; además, la cultura americana me había gustado mucho, ya había estado antes, y me fui con la idea de aprender inglés, de aprender esa cultura, de tener una experiencia más, pero para volver. Lo que pasa es que las circunstancias se dieron y encontré allí una segunda casa que me gustado y que me permitió pues crear cosas de una manera diferente, algo de lo que hablo en el libro, una marca personal; crear una marca personal superior a la que había tenido en ese momento, crearla a mi gusto y eso me hizo estar más a gusto allí y poder quedarme. Ahora llevo 17 años allí.

Según he leído además de la exigencia, la entrega o la motivación, uno de los pilares de su filosofía empresarial ha sido el deporte, con el que veo ciertos paralelismos, pero ¿qué más paralelismos existen entre ambos ámbitos, entre el deporte y el mundo empresarial?

Paralelismos…, pues que es un trabajo de constancia, de esfuerzo y que los objetivos se cumplen si se hace el trabajo bien hecho. El deporte me ha ayudado obviamente físicamente, socialmente y de trabajo, que es un poco, profesionalmente que es la parte que resalta más en el libro, el cómo se pueden utilizar esas pasiones, esos hobbies, para avanzar en el mundo profesional.

En ‘De Gandía a la Casa Blanca’ también encontramos renuncias personales o sacrificios, como al hablar de la familia o de ese hobby suyo: tocar la batería, ¿qué hace uno en esos casos? ¿Cómo debemos plantearnos esa disyuntiva para saber cuál es la decisión acertada?

Yo creo que lo principal es tener las prioridades claras; escucho muchas veces que la gente me dice, “¿de dónde sacas tiempo para hacer tanto?” El día tiene 24 horas, entonces, es una cuestión de prioridades completamente. Si tú prefieres ver la tele por la noche, ver los programas del corazón, por ejemplo, esa es una decisión que tú tomas, es una prioridad tuya que puede que sea muy importante para ti, que puede que te ayude a relajarte después del día, y es lo que quieres, pero prefieres hacer eso que irte a correr; porque podías irte dormir a las diez y levantarte a las seis de la mañana para ir a correr que es lo que hago yo. Entonces, tienes que tener claras las prioridades, si uno le da al trabajo una prioridad tan infinita que no le da tiempo a hacer lo demás, que trabaja 15 horas al día, pues te quedas sin tiempo para lo demás. Es establecer las prioridades, y muchas veces, a lo mejor, es pararse a analizar y decirse: si quiero hacer esto lo puedo hacer, pero tengo que eliminar otra cosa; la otra cosa es tan importante para mí que no me deja hacer esto…, te tienes que sacrificar.
A mí me gustaría tener más tiempo, me gustaría tener cuarenta y ocho horas al día, haría muchas más cosas, pero bueno, establezco mis prioridades y a eso es a lo que dedico el tiempo.

Ahora comparte su experiencia en forma de libro, si antes nos dijo que no hubo premeditación en lo de llegar hasta la Casablanca, ¿en qué momento decidió contar esta historia personal en forma de libro?

El que me dio el empujón definitivo para esto fue Risto Mejide, que es un compañero mío de la carrera y buen amigo. Había hecho unas conferencias y me dijo: “tío, tienes que escribir un libro porque es muy interesante tu historia y cuando das la conferencia muere; el que no va a la conferencia no lo va a oír y necesita un soporte físico”. Yo no me lo había planteado hasta ese momento, pero me empezó a rondar la idea y dije: ‘oye, no sería una mala idea’. Y a medida la fui madurando me empezó a hacer ilusión el hecho de tener algo escrito, dejar algo, un legado para poder pasarlo a mis hijos. Además, a medida que la escribía veía que podía ser muy motivacional para otras personas, que podía ayudarles, y también el hecho de pensar que alguien podía leerla y podía cambiarle la vida, ayudarle, eso es una satisfacción increíble; entonces me animé con el libro y fuimos adelante.

Tampoco hubo entonces planificación con lo de escribir el libro, me pregunto si ha habido un componente de suerte en todo este trayecto desde Gandía a la Casablanca.

Sí, siempre he pensado que he tenido un componente de suerte exponencial a lo largo de mi vida. Hace un par de años alguien me dijo: ‘ojo, no creas que tiene tanta suerte, te buscas la suerte’. Y cuando me paré a analizarlo sí que es verdad que yo me he pasado la vida sembrando semillitas, y algunas de esas semillitas florecen y otras no, pero si no las plantas ninguna va a florecer. Sí es suerte que entrara en la campaña de Leo Burnett; sí, es muchísima suerte, porque hay consultores políticos que llevan intentando entrar en una campaña así toda la vida y no entran, pero por otro lado, yo llevaba desde que llegué a Chicago y le conocía nadando en la piscina, sembrando la semillita que años más tarde dio fruto. Así que después, analizando ese comentario, que muchas de las cosas que yo pensaba ‘qué suerte tengo’, era una suerte buscada de alguna manera, no voy a negar que me siento muy afortunado.

Si esta es una historia para mostrar lo que supone el camino de emprender, el vértigo de empezar desde abajo para llegar alto, ¿podría darnos algunos consejos quienes queramos seguir sus pasos y lanzarnos a emprender?

El libro lo que pretende no es dar una guía de consejos de cuáles son los pasos a seguir, porque no existe; cada persona es diferente, cada momento es diferente. Para mí lo que el libro sí que da es una experiencia: la de que se pueden aprender cosas buenas, malas; cosas que se pueden hacer cosas, que no; y un emprendedor se caracteriza por no seguir un plano, no seguir un plan establecido. Cuantas más experiencias pueda tener alguien más garantías de éxito, más fácil va a ser eliminar el riesgo de fracaso. Es una historia que para mí tiene el valor de: ‘mira, este chico lo hizo así, le funcionó; esto no lo había pensado, tiene su sentido, lo voy a aplicar; esto a mí no me lo aplicaría porque no me interesa, porque mi sector es diferente…’ Pero sobre todo que despierte una reflexión en la persona porque para mí es importante.

Rubén Figueres es un consultor político experto en comunicación. Abandonó España a los 24 años con un MBA bajo el brazo. Durante meses se ganó la vida con todo tipo de trabajos de subsistencia, complementaba su sueldo dando clases de tenis y como entrenador personal. Gracias a su entusiasmo y a la popularidad de sus entrenamientos, logró un puesto de trabajo en la prestigiosa agencia de publicidad Leo Burnett, desde la que dirigió campañas para algunas de las empresas más importantes del mundo También formó parte de los equipos de Price Waterhouse Coopers o Telemundo-NBC. La experiencia adquirida le sirvió para fundar su propia empresa, Alario Group, agencia de consultoría y comunicación para el mercado hispano en Estados Unidos que no tardó en convertirse en una de las agencias de referencia en el país.