lunes, 5 de diciembre de 2016

JAVIER PUEBLA: «Espero estar a la altura de Dumas».


Entrevisto a Javier Puebla al hilo de su novela ‘El hombre que inventó Madrid’ (Algaida, 2016), una novela histórica basada en la vida del Marqués de Salamanca.

Nada como empezar una buena novela negra con un muerto, solo que en este caso es el protagonista…
Yo es que soy de la teoría de Alfred Hitchcock de que hay que empezar con un terremoto y de ahí seguir para arriba. Efectivamente el muerto es el protagonista, no te desvelo nada, está muerto por el cólera y esas cosas.

‘Siempre que alguien odia a un rey o a un líder o a cualquier otro hombre aparece la contrafigura del odio, el partidario incondicional, así había sido siempre en Europa y especialmente en España’, leemos en su novela, ¿sucede así?
Hombre, siempre, siempre no; tenemos tendencia, el perdedor es mucho más atractivo que el ganador, y además con el perdedor puedes hacer algo siempre y con el ganador no puedes hacer nada. Entonces, hay quienes se apuntan al ganador para que de alguna manera brille dentro de su estela, cola de león, y quien tiene tendencia a la cabeza de ratón, le gusta, y entonces encontramos un pelo de ratón y por supuesto lo cuidamos.

Para los lectores que no sepan lo de la cabeza y la cola de león es una frase de Mussolini que si no recuerdo mal dijo algo así como más vale ser cabeza de ratón que cola de león
No sabía que era de Mussolini, mucha gente prefiere ser cola de león, en teoría, o borrego de rebaño que es un poco parecido.

Yo creo que en España lo que hay es mucho rebaño, no sé si ratones.
En España y en el mundo, la humanidad es gregaria y está más cómoda con gente, la gente tiende a juntarse en ciudades y a no dispersarse, los solitarios somos muy pocos. Incluso el tigre que es muy solitario mantiene amistades con otros tigres.

Y con tigresas.
Yo a eso no lo llamaría amistades.

El banquero más influyente de Madrid, José Buschental, calificó a José de Salamanca como ‘el malagueño que quería inventar el mundo’. Pero en realidad, díganos, ¿quién era José de Salamanca y Mayol?
Yo creo que José de Salamanca era un tipo que quería inventarse, el veía el mundo a su manera sobre todo desde que vuelve. Cuando parece que está muerto y vuelve como el conde de Montecristo él es muy consciente de todo lo que le pasa, de que la vida hay que aprovecharla todo lo que se pueda y que no hay nada que perder, porque al final te mueres, por eso él siempre soñaba con ser un personaje de ficción y a Dumas le insistió mucho y se hizo íntimo amigo de él, decía que su amistad con Dumas tenía de fondo el ‘dedícame una novela y conviérteme en un personaje de ficción’, aunque Dumas nunca le convirtió en un personaje de ficción y ha tenido que esperar hasta a mí para convertirse en un personaje de ficción. Espero estar a la altura de Dumas, seguro que estoy a la altura de Dumas.

Javier Puebla es escritor, periodista, profesor de escritura creativa, Director Literario de la revista Cambio16. Colabora como articulista en Cuadernos para el Diálogo, Cambio16 y La Opinión (Murcia), y firma reportajes variados en diversos rotativos nacionales. Además de novela escribe ensayo, poemas y guiones. Ganador del V Certamen Vicente Presa en 2009, premiado en los concursos Silverio Lanza y La Ventana de la Cadena Ser, resultó finalista en 2004 del Premio Nadal con ‘Sonríe Delgado’, con ‘La inutilidad de un beso’, ganó el XVIII Premio Internacional de novela Luis Berenguer.

lunes, 28 de noviembre de 2016

CARLOS SISÍ: «Como improviso mucho mientras escribo puede pasar casi de todo».


Carlos Sisí me concede una simpática entrevista al hilo de la publicación de la última entrega de su saga zombi ‘Los caminantes’, concretamente ‘Tempus fugit’ (Minotauro, 2016). No dejo escapar más tiempo antes de presentaros la entrevista. Espero que os guste.
En esta quinta entrega vemos que aparecen nuevos personajes, pero también otros que reaparecen en ‘Tempus fugit, ¿revivirlos literariamente obedece por entero a la necesidad de atar cabos sueltos en entregas anteriores?
Los personajes son herederos del estado de las cosas en anteriores entregas. Hay algunos nuevos, y otros que parecieron despedirse tiempo atrás, pero que han vuelto. Alguno hay que no debió volver nunca pero lo ha hecho de todos modos (risas); en general me fijo mucho en lo que los lectores aplauden y piden en las redes sociales, encuentro mucha satisfacción en el hecho de que pidan y tengan ganas. Las ganas lo son todo.

Y en esa línea quería preguntarle por ese regreso al inicio, a Carranque, un poco como la propia estructura fragmentaria de la narración, esa visión coral, pero coméntanos lo del regreso al ‘origen; la vida son ciclos y el ‘tempus fugit’
Me apetecía, tenía ganas, y como bien dices, soy muy de cerrar círculos. La última novela que será la sexta en la serie ocurrirá en Málaga en los escenarios donde todo empezó, para cerrar cosas. Si se restablecerá la civilización y se terminará el problema zombi o esperarán sobreviviendo (que no viviendo) está por ver.

Ya que habla de la sexta entrega, aunque en esta quinta entrega de la saga parecen cerrarse muchas de las historias de los personajes que aparecieron en libros pasados, cuéntenos a qué o a quién como ‘resucitaráen un nuevo libro.
Lo que se cuente en el sexto, como se ha podido ver o se está viendo estos días en el quinto, será algo bastante sorprendente. Mi virus zombi es en esencia una súper célula madre que regenera todo el cuerpo hasta lo delirante, así que quizá puedan terminar de ajustarlo y ver qué sale a partir de ahí. Pero como improviso mucho mientras escribo (siempre digo que soy el primer lector de mis libros) puede pasar casi de todo, en realidad (risas).

Sobre la voz narrativa coral, creo modestamente que es una de las razones de que se lea tan rápido –mi felicitación–, casi tanto como el caminar de esos zombis al oír ruidos, ¿coincidimos más lectores en esto?
Sí, es algo que me dicen a menudo. El estilo es rápido y directo a propósito; son libros de aventuras, disfrutables en esencia. Imagino una escena como si de una película se tratara y trato de describirla; tampoco mucho, dejo que la imaginación del lector decore con su riqueza interior lo que esbozo. Y funciona. Lo ven realmente. Es una obra coral por un motivo muy sencillo, quería que el lector sufriese la tensión de no saber quién es el protagonista siquiera, así, cualquier personaje está expuesto a la muerte.

A la hora de enganchar también me ha fascinado el lenguaje, ese toque de ironía –si se me permite–. Imagino que en el terror como en las escenas de sexo –donde también hay mucha carne y mucha urgencia– es fundamental saber construir emociones con palabras precisas, ¿es así? ¿Disfruta a la hora de escribir, de describir, o necesita pasar un poco de miedo para ‘entonarse?
El miedo lúdico se busca y hasta se paga, el miedo de verdad es el peor cáncer de la humanidad. Creo que tras cada acto de maldad, por inopinado que sea, hay Miedo. Si pudiéramos erradicarlo tendríamos un mundo mucho mejor. El miedo que planteamos en los libros y otras obras de ficción nos distrae del miedo real que no nos permite ser felices, ni ser nosotros mismos, para empezar. Cómo se cocina y se sirve ese miedo lúdico es algo que cada creador aprende y lleva a cabo de manera diferente; en mi caso prescindo de la exactitud de la palabra por una composición general mucho más sencilla y directa; mi melodía es sencilla pero efectiva. Creo que aprendí de mi madre, es una excelente contadora de historias que conmueven y te empujan emocionalmente, así hayan pasado cuarenta años desde que las vivió.

Quiero preguntarle por un personaje entrañable, esa niña con la que he empatizado por su candidez. ¿Resulta difícil meterse en la piel y la mentalidad infantil, lo es más si se trata de ‘hacer ver’ al lector el miedo o la incomprensión de lo que nos rodea a esa edad?
Me manejo bien con los niños, no solo soy padre de tres, es que nunca he dejado morir al niño interior. Aún me emociono visitando jugueterías y cada Viernes es un pequeño fin del mundo laboral para centrarme en un apocalipsis de juegos, salidas y despreocupaciones. Sé cómo piensan y cómo reaccionan, y además son absolutamente deliciosos de plasmar.

A la hora de plantear lo suculento de la historia ¿se tiene en cuenta antes el sentido común o lo científico de la parte de ciencia-ficción? ¿Es cada vez menos ficción aventurar este tipo de Apocalipsis?
No sé qué tienen los apocalipsis que nos atraen profundamente. Continuamente el cine nos trae películas catastrofistas que son luego grandes éxitos de taquilla. Imagino que, de alguna manera, el plan general de la Sociedad como tal nos asfixia un poco. Nos encontramos un poco encorsetados, tal vez, en esta rutina zombi de levantarse, ganar dinero, gastar lo ganado, y dormir otra vez. Seguramente el futuro, caso de ir mal, se parece más a “The Road” (La Carretera) que a Los Caminantes, pero como no nos enmendemos tendremos un circo a lo Mad Max. Por otro lado, siempre… siempre… prefiero utilizar el sentido común a otra cosa. Algunos personajes mueren porque, en el transcurso de la acción, lo más natural y lógico dadas las circunstancias es que el personaje muera, por mucho que no lo tuviera pensado.

Carlos Sisí (Madrid, 1971) vive en Calahonda (Málaga) con su mujer y sus tres hijos. En 2009 sorprendió al público español con su serie «Los Caminantes», que situaba el apocalipsis zombi en las soleadas tierras malagueñas y se convirtió en un verdadero fenómeno de ventas. También es el autor de ‘La hora del mar’ y ganó la X edición del Premio Minotauro con ‘Panteón’. Dirige una revista digital online y su empresa familiar de diseño y soluciones de Internet.

lunes, 21 de noviembre de 2016

FERNANDO GARCÍA CALDERÓN: «No me pongo a escribir hasta que estructuro la obra».


Entrevisto por segunda vez a Fernando García Calderón. Curiosamente descubro durante la misma que algo tienen en común la novela por la que le entrevistase en junio del año pasado y esta ‘Nadie muere en Zanzíbar’ (Algaida, 2016). Suena así el nombre de Juan Ángel Santacruz hasta el punto, al acabar la entrevista, de agradecer a Fernando que me obsequie con un libro de relatos escrito a cuatro manos, por él y por F. Gamboa, y en el que también está muy presente la figura de Juan Ángel Santacruz. La primera pregunta es obvia y así comienza esta entrevista.
¿Quién es y cómo entra en contacto con la historia de Juan Ángel Santacruz de Colliure?

Una tía abuela mía estaba en sus últimos días cuando recibí una comunicación de su hermana, mi abuela, diciéndome que quería verme. En mi familia se contaba a modo de leyenda una visita, hacía años, de un señor africano muy bien vestido. Como puedes suponer, en aquel tiempo en Sevilla un señor africano era una enorme novedad, y los chiquillos lo contábamos como si fuese algo maravilloso. Luego resultó que era cierto. Ella me comentó que este señor apareció un día por casa, que traía un arcón de madera muy bonita, muy trabajada, y que venía a contrale la historia de Juan Ángel Santacruz de Colliure que había sido el novio de su hermana, ya muerta.
A este hombre, a Juan Ángel Santacruz, le habían dado por desaparecido en la Guerra Civil, pero en realidad había acabado en Zanzíbar y había muerto en el año 76. Habían pasado varios años, el señor africano tenía una deuda, por así decirlo, de gratitud hacia él y quiso intentar acercar a la familia este arcón de madera que incluía una serie de diarios donde venía parte de la vida de Juan Ángel Santacruz. Ella me pidió que preservara la memoria de este hombre de alguna forma.

Yo desde un principio pensé que de ser capaz de abordar el asunto era haciendo una novela. Tuve la fortuna de que esos diarios no estaban completos, faltaban cosas, localicé al señor africano y me fui a Londres a verlo. A partir de ahí él me dirigió hacia Zanzíbar. Viajé a Zanzíbar en cuatro ocasiones, todo eso fue generando el desarrollo de la obra. Pero básicamente es la formulación como novela de la vida de este hombre.

¿La ‘suerte’ de que no estuvieran completos…? ¿Por qué?
Sí, porque cuando uno aborda una cuestión de este estilo, al principio eres escéptico por definición, sabes que con una novela te vas a tirar varios años casi con toda seguridad. En este caso me he tirado más de diez años, casi quince; tiene que ser un proyecto en el que tú creas. Un proyecto en el que tú creas casi siempre es un proyecto que generas tú, no un encargo que te hacen, y este encargo era muy muy especial; obviamente, no iba a fallarle a mi tía, pero el hecho de que los diarios estuvieran incompletos me abría la posibilidad de buscar más allá de la mera transcripción que no era el objetivo de partida

En ese caso, imagino, no hubiera sido una novela.
No hubiera sido una novela, eso es, y ese desde luego, no era mi objetivo. Por eso dije que tuve esa fortuna, al principio me daba pereza y al final resultó una suerte inmensa.

Le ha dejado huella, por lo que he leído. Imagino que es normal después de diez años, casi quince.
Sí, incluso en mi anterior libro en ‘Yo también fui Jack el Destripador’ hay una pequeña mención en la obra a Zanzíbar y a este personaje.

Él tuvo su epifanía en África, yo tuve una pequeñita también siguiendo sus pasos en la costa de Kingenge en Zanzíbar, y sí, tuve claro que quería hacer varias cosas, no sabía muy bien qué desarrollo iban a tener en un primer momento, pero también es verdad que yo no me pongo a escribir hasta que estructuro la obra, por eso tardé en ponerme, pero cuando me puse ya lo tuve claro.
¿Tiene pensado hacer alguna cosa más para seguir honrando la memoria de este hombre?

No, con esto concluyo mi parte, que no concluye con la edición de la novela; ahora se trata de seguir difundiendo la memoria de este hombre. Mi objetivo no era publicar, mi objetivo es transmitir la idea y el personaje.
Para que la novela llegue a más lectores, a aquellos que no sepan español y puedan estar interesados por ejemplo en Zanzíbar o como el señor africano que vive en Londres, ¿hay posibilidad de que se traduzca al inglés?

Pues esa persona en concreto sabía palabras en español y se expresó en español con mi tía y en un español que, según mi tía, era un castellano recio, castellano recio es formal. Este hombre, Juan Ángel Santacruz, que era todo un personaje, utilizó el español a principios de los años 60 como una legua código en una plantación en la que quiso instruir a una serie de personas en los ideales de cultura y de independencia; entonces aún se habla en Zanzíbar algunas palabras en español, existe la idea de que aquella plantación, que se llamaba Triana, es por él, o sea que algo ha dejado de su paso por aquellas tierras.

Fernando García Calderón (Sevilla, 1959), escritor e ingeniero de Caminos, afincado en Madrid, autor de novelas y volúmenes de relatos, algunos reconocidos en los más prestigiosos certámenes, ha publicado hasta la fecha dos volúmenes de cuentos: ‘El mal de tu ausencia’ y ‘Sedimentos en un pantano’, así como uno conjunto ‘Diarios de ausencias y acomodos’ con F. Gamboa (Alfar, 2015). Con ‘El vuelo de los halcones en la noche’ (1997), su primera novela, obtuvo el premio Félix Urabayen. A ella siguió la novela ‘El hombre más perseguido’ (1999), con la que obtuvo el premio Ateneo-Ciudad de Valladolid. Tras  publicar ‘Lo que sé de ti’ (2002), ‘La noticia’ (2006), ‘La judía más hermosa’ (2006), ‘La resonancia de un disparo’ (2008) y ‘Yo también fui Jack el Destripador’ (Ediciones del Viento, 2015), le entrevistamos por su última novela ‘Nadie muere en Zanzíbar’ (Algaida, 2016).
Os dejo el enlace de la entrevista que me concedió en 2015, aquí.

viernes, 18 de noviembre de 2016

'Desde la sombra', de Juan José Millás


Había leído con anterioridad la novela de J. J. Millás ‘Lo que sé de los hombrecillos’. Por alguna razón, al comenzar a leer ‘Desde la sombra’ (Seix Barral, 2016) evoqué aquella. El identitario está muy presente en ambas, como también ese universo tan imagino de Millás con personajes cotidianos sometidos a sucesos excepcionales.  El protagonista de ‘Desde la sombra’ es Damián Lobo  quien, por accidente, llegará a la casa de un matrimonio con una hija adolescente. Llega en el interior de un viejo armario. Damián decide quedarse, compartir con la pareja y la hija adolescente una vida silente, fantasmal, en el interior de un armario empotrado tras el que le sirvió de llegada. Únase a esto la propia naturaleza de Damián, pues, además de habitar intermitente la vida real de esa casa somos testigos desde el inicio de la novela de sus curiosos pensamientos y reflexiones. Damián da acogida en sus monólogos interiores a un programa televisivo en el que se ve protagonista como entrevistado en una suerte de talk show mental. El presentador camaleónico  de sus pensamientos llegará a  transformarse en el conocido periodista Iñaki Gabilondo. Como cajas chinas iremos desenmarañando el verdadero tema de fondo, esa búsqueda de uno mismo que Millás, con su habitual toque de fantasía, humor e ironía de tanto en tanto nos  regala sin descuidar el valor simbólico en lo argumental y lo humano.

Juan José Millás. Nació en Valencia en 1946. Es autor de las novelas Cerbero son las sombras (Premio Sésamo, 1975), Visión del ahogado (1977), El jardín vacío (1981), Papel mojado (1983), Letra muerta (1983), El desorden de tu nombre (1986), La soledad era esto (Premio Nadal, 1990), Volver a casa (1990), Tonto, muerto, bastardo e invisible (1995), El orden alfabético (1998), No mires debajo de la cama (1999), Dos mujeres en Praga (Premio Primavera de Novela, 2002), Laura y Julio (Seix Barral, 2006), El mundo (2007), por la que recibió el Premio Planeta, el Qué Leer de los Lectores y el Premio Nacional de Narrativa, y Lo que sé de los hombrecillos (Seix Barral, 2010). También ha publicado los libros de relatos Primavera de luto (1989), Ella imagina (1994), Articuentos (2001), Cuentos de adúlteros desorientados (2003), Los objetos nos llaman (Seix Barral, 2009) y el volumen Articuentos completos (Seix Barral, 2011). Su obra de corte periodístico, reconocida, entre otros premios, con el premio de periodismo cultural Manuel Vázquez Montalbán, está recogida en Algo que te concierne (1995), Cuerpo y prótesis (2001), Hay algo que no es como me dicen (2004) y Vidas al límite (Seix Barral, 2012), entre otros. Su obra narrativa se ha traducido a veintitrés idiomas.

lunes, 14 de noviembre de 2016

JAVIER GONZALEZ: «La historia era un verdadero caramelo para un escritor».


Entrevisto a Javier González (Madrid, 1958) al hilo de la publicación de su novela histórica ‘El viaje de los cuerpos celestes’ (Ediciones B, 2016).

El anciano monje Gayarre, presintiendo su cercana muerte en el verano de 1619, comienza a dictar a su pupilo la crónica de su azarosa vida. Le había hecho una promesa a aquella mujer y él le había jurado por su honor que escribiría, «o haría escribir», una crónica de todo cuanto había acontecido en aquel viaje lleno de prodigios. 

El narrador ‘El viaje de los cuerpos celestes’  de es un poco deslenguado, o me lo ha parecido a mí. 

Sí, si hay que tener en cuenta que Gayarre era un veterano de los tercios de Flandes.

Es una novela basada en hechos reales, ¿cuál fue el germen a la hora de ficcionarlos para convertirlo en esta novela? 

Pues mira, la verdad es que llegó por casualidad, es de esas historias que te encuentras por casualidad, sabes que muchas veces los autores estamos buscando historias y esta apareció por casualidad. Apareció porque yo no sé qué estaba buscando en internet que me apareció uno de los protagonistas de la novela, que es San Alberto. San Alberto es una de las reliquias que forma parte de ese viaje de los cuerpos celestes y acaba en una parroquia en Burgrain, Alemania. Un fotógrafo griego que se llama Paul Koudounaris, bueno el apellido nunca me acuerdo… 

Vamos a llamarle Paul. 

Entonces, nuestro amigo Paul que está de vacaciones se encuentra con, imagínate, un esqueleto absolutamente enjoyado en una urna con una postura como posando, el tío se queda un poco en tensión y, como está de vacaciones, le pica la curiosidad y empieza a tirar del hilo y lo que descubre nuestro amigo Paul es lo que yo ficciono, pero siempre con una base real. Básicamente es una sucesión de hechos azarosos que montan una historia tremenda. El primer hecho azaroso es que un carro en un viñedo se hunde y se mete dentro de una de las catacumbas, catacumbas que estaban perdidas hacía más de mil años. Bueno, las catacumbas dejaron de tener sentido cuando el cristianismo pasa a ser la religión oficial del imperio romano. Las familias recogen a todos los muertos que tenían allí y los entierran en superficie, pero allí se quedan trescientos desgraciados que habían perdido el hilo familiar y nadie los reclama. Y se quedan allí, se ciegan las entradas. Total, que las catacumbas desaparecen durante mil y pico años. 

Hasta que un día, el joven Manuel va con el carro de su padre y el caballo mete la pata en un hoyo… allá por mayo de 1578, cuando el suelo de un viñedo junto a la Vía Salaria se hundió bajo el peso de un carro lleno de sarmientos secos. Se acababan de redescubrir las catacumbas de Roma, perdidas durante más de mil años. En la gigantesca necrópolis subterránea se encontraron los restos olvidados de cientos de los primeros cristianos. 

Exacto. El hombre mata a la mula, un desastre y se descubren las catacumbas. Entonces, el segundo hecho azaroso es que nos encontramos con un papa muy imaginativo y muy marketiniano, podía haber sido otro papa y hubiera dicho: ‘Que lo tapen y au’… 

¿Cómo algunos políticos cuando alguien se encuentra ‘cosas’ enterradas durante las obras? 

Sí, sí, que se tape, que esto no va a interesar para nada… Pero el tipo, también acuciado por el entorno, estamos en plena Reforma y Contrareforma al Papa se le ocurre una solución imaginativa, lo que se le ocurre con estos restos es: voy a hacer mártires a demanda. 

Hablamos del papa Gregorio XIII que quiso ver en aquel insospechado suceso una señal celestial y decidió convertir aquellos restos anónimos en «auténticas» reliquias de mártires, con el fin de repartirlos por catedrales y monasterios de Europa Central a fin de impulsar la «verdadera fe» y frenar así el avance de la Reforma protestante. 

Hay una espectacular ceremonia en el Vaticano donde se sacan los restos y se les santifican. Se santifican a demanda de las parroquias, sobre todo de las de Suiza y Alemania que empiezan a demandar santos. Total, que montan un operativo industrial fantástico, una cadena de montaje con todos estos esqueletos.Al principio son muy rigurosos, van buscando mártires, hacen unos exámenes con los cuerpos para descubrir los que han sido martirizados. Dicen, por ejemplo: pues este señor tiene las piernas rotas, o este está quemado, o tiene dentelladas, habrá muerto con las fieras. Hacen una clasificación bastante rigurosa, creo que los clasifican en los del circo, que son los que tienen dentelladas de animales; en cremados, que son los que tienen huesos quemados; y en crucificados, porque tienen las señales, pero al final el número es escaso, no salen más de treinta los tipos que han sido martirizados. ‘Pero bueno, tampoco vamos a ponernos muy puntillosos’, debieron decir, ‘esto hay que aligerarlo’. Y entonces lo que hace el Papa es que coge los dieciocho primeros, los santifica y los vende, además. Porque también hay una parte de negocio en todo esto, y no están mal vendidos porque son verdaderos tesoros. 
Te enseñaría ahora, a ver si puedo encontrar alguna foto, para que lo veas, porque es muy ilustrativo: eran esqueletos enjoyados, con gemas preciosas, con brillantes, con diamantes con corazas de plata los que les tocaban ser soldados; o sea, es la leche.Y ahí está el germen de la historia, es ese, y lo que yo narro es la primera expedición que hace el primer reparto de reliquias, que realmente es un grupo que sale a repartir por Europa sin saber muy bien qué va a ser de ellos. Sobre todo hay una parte del viaje que es a Alemania del norte, que es una zona protestante, que la cosa no va a estar muy amable. Y, bueno, hay una serie de tensiones en la historia, y ese es realmente el relato. 
 La novela tiene mucho casi de road movie, tiene algo de Western, pero yo creo que es un relato que a mí me ha apasionado. Me ha apasionado la historia porque me parecía que la historia era un verdadero caramelo para un escritor, es una de esas que dices: esto es para mí, de aquí saco una novela seguro.

Javier González es licenciado en Derecho y ha desarrollado toda su carrera profesional en el mundo del márquetin, trabajando en importantes agencias y anunciantes. Él mismo se declara «un lector empedernido que escribe los libros que le hubiera gustado leer». Ha publicado Un día de gloria (2001); La quinta corona (2006); Navigatio (2009) y Cinco segundos (2013). ‘El viaje de los cuerpos celestes’ es su quinta novela. Su obra ha sido traducida a varios idiomas.