miércoles, 21 de septiembre de 2016

‘Nunca es demasiado tarde, princesa’, de Irene Villa.



Para los que somos asiduos de las canciones de Joaquín Sabina es ineludible evocar alguna estrofa de una de sus canciones al tocar esta novela de Irene Villa. Con el prólogo de ‘Nunca es demasiado tarde, princesa’ nos damos cuenta de que también la autora es de los nuestros, de los de Sabina –aunque también amplíe la banda sonora con otros grupos y temas, por cierto–. Que la casualidad con el título no lo es tanto; al revés, Irene Villa nos advierte que ‘nunca es tarde para dejar que lo negativo salga de nuestra vida y quede atrás’. Así, tal cual, parece más fácil de decir que de llevar a la práctica. Quienes sepan un poco sobre su trayectoria, la de Villa, o se acerquen a la biografía de contraportada, coincidirán conmigo en que pocas personas como ella para hablar sobre el tema. Con todo, ‘Nunca es demasiado tarde, princesa’ es una historia ficcionada que puede pasar como real, o tan real que parece pasar como inventada.
Villa va haciendo discurrir una serie de personajes que un buen día sufren el revés del destino y tienen que hacer valer la fuerza del título de esta novela. A ratos me evocó la obra ‘Vidas cruzadas’ de Robert Altman, el protagonismo colectivo, en tanto los personajes tienen puntos en común, se van encadenando hasta que como gran colofón parecen abrazarse metafóricamente en el final de la gran historia de sus vidas, de la historia fotografiada en cada capítulo. Porque, como en la vida real, la historia personal se cuenta hacia atrás, con recuerdos, pero se vive hacia delante, y a los personajes de ‘Nunca es demasiado tarde, princesa’ les queda mucha historia por vivir y por contar.
Las segundas oportunidades existen, no siempre están ahí, a la vista, no siempre nos las concede el mismo destino, karma, providencia o deidad que a menudo llegamos a responsabilizar de que hayamos fallado en la primera; a veces la segunda oportunidad pasa por nosotros mismos, al menos eso es lo que he querido leer en esta gran historia de Irene Villa, ese ‘nunca es demasiado tarde’ para princesas, príncipes y gente de a pie. 

Irene Villa (Madrid, 1978) es licenciada en Comunicación Audiovisual, Humanidades y Psicología. Un día la banda terrorista ETA puso una bomba en el coche de su madre y ambas sufrieron amputaciones. Desde ese momento, supo que su vida iba a estar orientada a ayudar a quienes, como ella, tuvieran que superar cualquier barrera.
En la actualidad trabaja como escritora, conferenciante, periodista de opinión en prensa, radio y televisión y transmisora de valores en institutos y congresos. Colabora con numerosas organizaciones que defienden la libertad, la paz y los derechos de los más desfavorecidos.
Desde 2007 integra el Equipo de Competición de Esquí Alpino Adaptado de la Fundación También y ha conseguido varias medallas de oro y la Copa de España 2011. Le han concedido diversos galardones, como el Premio a la Ejemplaridad 1991 del Club Rotario Madrid-Puerta de Hierro, el Premio Niños de Europa de manos de Lady Di (Londres, 1992), el Garbanzo de Plata 2000 por su valor y coraje, el Joya de Madrid 2001 como ejemplo de paz y de convivencia, la Medalla de ANDE 1998, el Premio Nacional Valores Educativos Colegio Mayor San Pablo 2002, Micrófono de Plata por su libro Saber que se puede en 2005, Premio Isabel Ferrer 2007, Gran Cruz al Mérito Humanitario y Premio Fundación Miguel Ángel Blanco a la convivencia en 2008. En 1992 fue nominada para el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia y para los Premios de la Victoria (Washington).

‘Nunca es demasiado tarde, princesa’, de Irene Villa.
Espasa editorial. ISBN 9788467039610

lunes, 19 de septiembre de 2016

ANA L. MARTIN: «Queremos involucrar a la gente joven a leer novela histórica».


Foto: Herme Cerezo (c) 2016. hermezosxxi.blogspot.com

La entrevistada en Maleta de libros esta semana es la escritora Ana L. Martin con una propuesta literaria muy especial, su primera novela ‘El crucigrama de Jacob’ (Planeta, 2016). La entrevisté antes del comienzo de la Feria del Libro de Madrid, espero que los lectores -y la propia Ana- me sepan disculpar este ‘retraso’. Os dejo la entrevista para que descubráis cómo un libro puede dar mucho juego, si se me permite el guiño.

¿Cómo surgió la idea de enriquecer ‘El crucigrama de Jacob’  ya que no solo se lee, también participa de una Realidad Aumentada con videos, juegos y retos para los lectores a través de una aplicación para dispositivos electrónicos?

La idea de utilizar las aplicaciones tecnológicas surge por el motivo de que queremos involucrar a la gente joven a leer novela histórica y en concreto ‘El crucigrama de Jacob’ y este es el idioma de las nuevas tecnologías, de las nuevas generaciones, con lo cual si pasamos del elemento relativamente muerto -novela en la estantería donde quizá te llama la atención por la portada o el nombre del autor- y pasamos a algo interactivo, que permite el entretenimiento, o acercarte al proyecto de una manera diferente creíamos que esto podría motivar también a un segmento de la población que digamos le cuesta más entrar en la novela histórica, el mercado cautivo de mujeres de treinta a sesenta años. Y esto nos parecía interesante, con lo cual, incorporamos una aplicación gratuita que se llama MIRA Realidad Aumentada que te la descargas al móvil o al iPad y enfocas a un marcador de la novela y ocurre algo. 

Por ejemplo, si enfocas la portada se te abre un crucigrama, el crucigrama de Jacob, si lo completas correctamente -que es muy fácil de hacer si te has leído la novela o te has interesado por ella- ocurre que pasas a formar parte de un grupo que se llama el grupo de película que es de donde vamos a sacar el casting de la película documental que se va a rodar, de manera que a los fans del proyecto, a la gente que esté interesada por el proyecto, se le da la oportunidad de o bien vivir una experiencia de rodaje o bien de tener su primera oportunidad en el mundo audiovisual.
Otro marcador es la contraportada que a través de la foto de la autora abre el tráiler de la novela con un audiovisual de unos cincuenta segundos con grafismos muy potentes que te dan más información a la hora de catalogar si te interesa comprarla o no. Y el tercer marcador es interior a la novela y lo utilizamos para las yincanas o los juegos aventuras de rol temáticos que vamos a hacer, el primero en la Feria del Libro de Madrid.

Lo que llamaríamos la comunidad del laberinto de Jacob.

Si

Los personajes de ‘El crucigrama de Jacob’ poseen un doble rol, el que desempeñan en la historia y el que manifiestan en base a sus valores a través de las decisiones que van tomando en la trama a modo de reflejo de lo que sucede en la vida real.

Sí, es exactamente como lo has descrito, lo has captado solo con olerlo.

Y tiene mérito porque mi teléfono no tiene para descargarme esa aplicación de realidad aumentada… (Risas).

Es un viaje, un viaje de una aventura, donde la gente tiene que cumplir una misión y salvar muchas dificultades en una situación de crisis, casi como en la vida real misma. Lo que pasa es que el momento de crisis lo ponemos en la expulsión de los judíos donde hay un momento en el que te tienes que ir de tu casa y abandonar todo lo que conoces, hasta el momento en solitario porque las familias se disgregan debido a las circunstancias, y además tienes que cumplir una misión, en la vida de cada cual su misión será su objetivo personal, el que sea. El del protagonista es encontrar una reliquia para descifrar un grabado cabalístico que es un mensaje muy importante para la humanidad y que está escondido en el camino primitivo de Santiago. Todo esto mientras le persiguen, corre riesgos y le pasan mil peripecias que resuelve algunas de manera muy inteligente y otras más torpe pero siempre fundado en los valores que él ostenta como es el honor, el coraje, digamos ese reconocimiento hacia su padre, de que se sienta orgulloso. 

Es verdad que hay otros personajes más débiles de carácter que esto no lo digieren bien y deciden dedicar su vida a la venganza y con otros criterios con lo cual sucede como en la vida misma. Hay un poco de todo.

Un poco de todo como en botica, de hecho lo de la botica lo tomo para preguntarle por un detalle durante la novela en el que el personaje de Isaac ayuda a uno de los criados al percibir que está enfermo. Le preparará una infusión de hierbas medicinales. Un conocimiento que aprendió de su padre quien le enseño además que debía ayudar a todo aquel que lo necesitase. Me ha evocado al juramento hipocrático por un lado y como ejemplo ya en aquella época de que el conocimiento es poder.

Esto es muy interesante, hay una frase de la novela que es un dicho que me digo bastante a la hora de identificar a la gente, hay dos momentos en los que veo claramente a quién tengo delante: en los momentos de crisis, cómo reaccionan, y cuando tienen el poder en la mano cómo lo utilizan. Normalmente se ha denostado esta palabra, porque no es el poder es el mal uso del poder, con lo que ya el poder suena mal, es como ambición, abuso tiene como unos sinónimos asociados que no son así, poder curar a la gente poder ayudar, poder, yo puedo.

Podemos… (Por lo del we can)

Podemos, sí. Entonces, ese uso del poder es muy importante a la hora de diferenciar tu educación y tus valores. Con lo cual eso queda reflejado en la novela de manera que aunque Isaac va a tener cierto juego de cintura a la hora de luchar con su personalidad débil que ve morir a una persona que le afecta mucho y que hace un par de cosas que en fin no irían en línea de unos valores nobles si es cierto que los sabios cabalistas es lo que le inculcan para ser digamos honrar a tus padres, ¿no? Y él, a pesar de que está en un castillo infiltrado porque él tiene un plan secreto para vengarse, decide ayudar a uno de los hombres del establo porque es su deber, porque puede hacerlo. Y ese es el tema del poder.

A.L. Martin (Ana López Martín) es asturiana, estudió Ingeniería Industrial en la universidad de Saint Louis, EE.UU. Tras trabajar en Washington DC y en Lisboa, retomó los estudios para cursar un máster en Administración de empresas en Madrid.  Durante los últimos ocho años, ha dirigido las operaciones de marketing en EMI Music Spain&Portugal, contribuyendo al lanzamiento de la carrera de diversos artistas musicales como Pablo Alborán. “El crucigrama de Jacob” es su primera novela.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

'El regalo', de Eloy Moreno



Eloy Moreno se asoma en la solapa de la contraportada junto a una foto en blanco y negro, sonriente, para –dice– darnos las gracias a los lectores. 

El primer agradecido soy yo como lector al haber disfrutado con la lectura de esta novela de más de cuatrocientas páginas en un solo día. Suelo tender a obras más ligeras o, en su caso, a leer demorando, lo cual es algo que no me convence porque no siempre tomo el hilo tan fácilmente. Como decía, estoy agradecido de haber encontrado esta novela de lectura rápida, casi adictiva, bien tramada (aquí podría hacer un guiño, ya que uno de los personajes habla de la importancia de la trama en las historias). No quisiera correr el riesgo de desvelar más allá de lo que Moreno, aunque sé que hay confianza y no le importará si le llamo Eloy, ha querido. Solo hay que leer la sinopsis de contraportada. En esta apenas vislumbramos el argumento, de ahí mi cautela.
En todo caso, me arriesgo y revelaré que ‘El regalo’ va de un regalo que a su vez son dos regalos. También que hay un cuento y una historia, y que esta última, la que se extiende a lo largo de casi cuatrocientas páginas, está narrada por varias voces dotándola de una agilidad y emotividad cautivadora. Sobre la historia en sí no voy a cruzar la frontera, hay muchos giros tan inesperados como deliciosos, momentos inspiradores y puntos y aparte donde es casi imposible no seguir leyendo. 
Pero si hay un guiño que no puedo dejar de mencionar es lo que queda tras llegar al punto final. Una sensación de breve -o no tan breve- reflexión, como en las novelas anteriores (y el libro de relatos, que aparece nombrado de forma sutil en ‘El regalo’) de Eloy. 

La recomiendo, agradecido y esperando al siguiente regalo de Eloy, porque seguro que será una obra emotiva y reflexiva ideal para autoregalar y regalar.

Para saber más de esta novela no os perdáis la entrevista que me concedió.

Y como no hay dos sin tres, una entrevistas más, qué lujo. Gracias, Eloy.



lunes, 12 de septiembre de 2016

MIGUEL TORIJA: «Era inevitable que apareciesen tanto la iglesia, como las sociedades secretas».



Me concede una entrevista Miguel Torija Martí que ha publicado este año su primera novela ‘La isla de las Culebras’ (La Pajarita Roja, 2016). Había leído su libro de relatos ‘Cuando la vida se pone perra’ y no dejé pasar la oportunidad de leer, como digo, su primera novela. Afirma que cuando empezó a escribirla no sabía que estaba escribiendo una novela histórica. También que el proceso fue un poco ‘al revés’ ya que admite que lo lógico es documentarse antes de escribir. En cualquier caso, recomiendo leer primero la entrevista y luego su novela o al revés si sois tan atrevidos como Miguel. Os dejo la entrevista.

Hay una frase que resume bastante bien el espíritu de ‘La isla de las Culebras’, es esa que dice ‘la historia la cuenta a su gusto los que pueden escribirla, no los que la conocen’. ¿Nos la comenta?

Esto es un hecho atemporal. Siempre ha sido así, actualmente son los medios de comunicación los que se constituyen en el quinto poder y suministran la información. Por suerte para nosotros la competencia hace más difícil ocultar, enmascarar, dulcificar... la realidad, pero los grandes medios siguen disponiendo de una inmensa influencia sobre la opinión pública y pueden variar sensiblemente la realidad, modelando el discurso para favorecer a unos u otros.
En el pasado esto todavía debió ser más claro. Las opciones de llegar a la información eran más limitadas y por tanto más fáciles de controlar.

Otra también curiosa viene después de que al protagonista, a Martín, una gaviota y un cangrejo ermitaño confundan con comida y éste reflexione: ‘Nunca sabes de quien fiarte, a quien estar agradecido’. Tan real y tan premonitorio para quienes se vean atrapados por la lectura hasta el final.

Si la pregunta se refiere al desenlace final, es una de las cosas de las que más satisfecho estoy. Me costó decidir cómo terminar la novela y creo que ese final, que deja para el lector el veredicto de inocencia o culpabilidad de algunos personajes, es muy adecuado para el tono general de la misma. Una novela que comenzó siendo un microrrelato tiene que terminar como terminan muchos microrrelatos, dejando al lector parte del trabajo. En definitiva, los personajes de la novela quedan expuestos al criterio de cada lector. He tratado de que en la novela no se formen dos bandos: los buenos contra los malos. Al fin y al cabo así somos los personajes de la vida real, todos tenemos dobleces y claroscuros.

Los franceses parecen querer invadir España por una cuestión económica, Martín recuerda una frase de su superior que le dijo: ‘Controlar el comercio, ese es uno de los principales objetivos de la invasión’. Más allá de la coyuntura histórica que subyace como contexto de la historia, me ha recordado al descubrimiento del azúcar de remolacha por parte de los franceses -más o menos por esta época- precisamente por el tema del comercio. Ya que hay contrabando de azúcar, café y tabaco susurrado entre la trama le quería preguntar por ello.

Es un poco lo que hablábamos antes de controlar la información. Se puede estudiar esta época tan patética de la historia española desde el punto de vista del patriotismo, de los derechos y las libertades sociales o del partido que tomaron los estamentos sociales (ejército, monarquía, iglesia...) pero como siempre ha pasado, en la mayoría de las guerras, subyacen motivos económicos. Francia intervino porque era un buen momento para apoderarse de los despojos del imperio español. Estaba en juego arrebatar a los ingleses su preeminencia comercial con las colonias.

‘La codicia en este país es la única virtud para alcanzar el poder’, reflexiona Martín sobre la ambición del general francés. También parece ser una frase no solo representativa de la novela sino bastante a la orden del día dos siglos después a la luz de los medios de comunicación actuales.

Cuando terminé la novela (que ya digo, solo pretendía ser una novela de aventuras) reflexioné sobre ella y me di cuenta de algunas virtudes que podía tener, más allá de entretener y servir de fuente de información sobre esa época histórica. Creo que el libro puede servir para reflexionar sobre el patetismo que la mayor parte de la sociedad española demostró en esa invasión, apoyando a los que pretendían acabar con las libertades y derechos que la constitución les había otorgado. Ese patetismo, una vez tamizado por las circunstancias en las que vivían nuestros antepasados, se parece demasiado al patetismo de la actual sociedad española que, como entonces, sigue premiando con su apoyo los comportamientos mezquinos y corruptos de muchos de nuestros gobernantes. Esta coincidencia hace pensar que es algo intrínseco a nuestra sociedad y que no hemos sido capaces de aprender de los errores del pasado.

Ineludible la labor de documentación que habrá necesitado para hilvanar los detalles de esta historia en un contexto histórico concreto aunque geográficamente más amplio. Háblenos de esas fuentes y cómo fue ese proceso previo a la creación de la novela.

Sinceramente creo que el proceso que he seguido para ambientar y ubicar la novela es poco recomendable. Supongo que lo más ortodoxo cuando se pretende escribir una novela histórica es documentarse primero y después ponerse a escribir. En el caso de ‘La isla de las Culebras’ fue justo al contrario. En mi defensa he de decir que cuando empecé a escribirla no sabía que estaba escribiendo una novela histórica, de hecho no sabía si quiera que fuera a ser una novela y todavía hoy no sé si se trata de una novela histórica, una novela de intriga, una novela romántica... Como se dice en el preámbulo, a lo más que aspiraba ‘La isla de las Culebras’ era a convertirse en una novela de aventuras.

Benjamín Prado, cuando le conté de dónde había surgido la novela, dijo de ella que es un microrrelato que no había sabido terminar y no le falta razón. Todo surgió después de visitar las islas que dan nombre a la novela. Me fascinaron y me surgió la necesidad de escribir algo sobre aquel lugar. Imaginé una fragata huyendo de una ciudad sitiada y navegando hacia esas islas perseguida por una flota enemiga. El capitán de la fragata iba a cometer una traición y eso le atormentaba y le llenaba de dudas. Ese fue el punto de partida, no sabía nada más de lo que sucedería, a partir de ahí dejé que el relato fluyera sin saber dónde me iba a llevar. Solo cuando llegué al capítulo 10 me planteé que era momento de ubicar histórica y geográficamente la acción y entonces me puse a investigar cuándo y dónde podría haber ocurrido algo parecido. Para mi fortuna descubrí que durante la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis una situación así se podía haber dado y comencé a documentarme.

Lo primero que hice fue leer los Episodios Nacionales de Pérez Galdós que transcurren en ese periodo. Después busqué otras fuentes de información hasta hacerme una idea general.
Tras hacerme esa composición de lugar inicial, el siguiente paso fue ir buscando información más específica a medida que el avance de la trama me la iba reclamando. La primera parte precisó sobre todo mucha documentación en temas de navegación. Después fui necesitando información sobre el ejército de la época, la vestimenta, la iglesia, las sociedades secretas... En este sentido, he de reconocer la inestimable ayuda recibida por parte del editor de La pajarita roja, para terminar de perfilar algunos aspectos. 

No podía faltar entre los ingredientes de esta historia de aventuras con base histórica la Inquisición y, por si quiere adelantar algún detalle, en los carbonarios con el tiralíneas, la escuadra y la navaja abierta.

Bueno era inevitable que apareciesen tanto la iglesia, como las sociedades secretas. Eran dos estamentos con una influencia muy acusada en la vida y en la política de la época. Actuaron como dos frentes contrapuestos, cada uno apoyando una causa. La iglesia y por extensión el Santo Oficio apoyando al absolutismo que representaba Fernando VII, por su parte los masones y el resto de sociedades secretas, en general se pusieron del lado de los constitucionalistas. Como de costumbre en España fue la iglesia la que salió victoriosa y pudo recuperar poder, privilegios e incluso reinstaurar la inquisición.

Es muy ilustrativo pensar que mientras los que nos invadían para devolver el absolutismo, valoraban la ciencia y dedicaban miles de sueldos a ampliar la Enciclopedia de Diderot, en España, con el triunfo de los absolutistas, se derogó el ambicioso plan que fomentaba la educación universal, pública y gratuita, para volver a dejar en manos de la iglesia el peso de la educación, lo que supuso una regresión. Por desgracia, también en esto hemos aprendido poco. Bajo mi opinión, la sociedad española sigue transmitiendo inmadurez al permitir el paternalismo de la iglesia católica. Dejamos que la Conferencia Episcopal se siga inmiscuyendo en algunos campos en los que la iglesia católica tradicionalmente ha actuado como freno a los avances sociales y científicos. Un ejemplo claro es la educación, somos uno de los pocos países civilizados que incluyen la asignatura de Religión en todos los cursos de la educación obligatoria y del bachillerato, con el agravante de ser impartida por profesores escogidos subjetiva y unilateralmente por los obispos.

Si antes hablaba de la codicia, llega un momento en el que Martín sufre una metamorfosis interior, reflexiona y decide que quiere saber cuál es el sentido de su vida, que le mueven ideales más profundos a los puramente económicos más allá de que él es un marino de vocación, algo que queda bien demostrado a lo largo de la novela.

En realidad Martín se pasa toda la novela sumido en un mar de dudas. Siempre está planteándose si lo que va a hacer es correcto. Creo que a pesar de ostentar la capitanía de una fragata y por tanto tener la necesidad de transmitir a sus hombres seguridad en sus decisiones, hay mucho de fachada en esa seguridad. Sus circunstancias vitales y el desarrollo de la historia lo único que van haciendo es acrecentar su indecisión. Mi objetivo era que Martín fuese un personajes real, no el típico héroe que sabe en todo momento cuál es la decisión más idónea y honorable. No, sus decisiones en muchas ocasiones, ni son idóneas, ni son honorables. Cómo las decisiones que tomamos todos en nuestra vida. Nunca me ha gustado la gente que lo tiene todo claro o que se cree en posesión de la verdad absoluta. En un ejercicio de coherencia, el protagonista de mi primera novela no podía ser así.

Me gustaría que nos hablara de la ilustradora, de Adriana Torija, una joven de 14 años que aceptó el encargo y rubrica tres imágenes en blanco y negro de la historia.

Fue una suerte “encontrar” a Adriana. Había imaginado el libro con algunas ilustraciones, porque pensaba que en el estilo del libro encajaba la combinación del texto con imágenes fieles al relato. Con ese fin contacté con una ilustradora de cierta reputación que se mostró dispuesta a abordar el encargo, pero al final la cosa no cuajó. Cuando estaba resignado a que el libro se publicaría sin ilustraciones, pensé en Adriana, que en un plazo muy ajustado logró terminar el encargo con tres ilustraciones magníficas.
Las ilustraciones aportan mucho al libro, ayudan a que el lector se tome un respiro después de tres momentos importantes de la novela. De ese modo es posible saborearlas a modo de anticipo de lo que espera a vuelta de página. A pesar de ser el primer encargo profesional que recibía Adriana, creo que el resultado final ha cubierto con creces las expectativas.

Muchas gracias, Miguel.


Miguel Torija Martí (Tortosa, 1972) es ingeniero agrónomo y profesor de tecnología en un instituto público de Castellón. En 2010 publicó ‘Fábulas efímeras’, un recopilatorio de relatos con un enfoque didáctico y se autoeditó ‘Catálogo de excusas para seguir vivo (o para estar muerto)’, en 2011 con el que resultó finalista de los Premios de la Crítica Valenciana 2012. En 2013 publica el libro de relatos ‘Cuando la vida se pone perra’ (Urania, 2013). Acaba de publicar su primera novela ‘La isla de las culebras’ (La pajarita roja, 2016).