lunes, 26 de enero de 2015

JUAN ESLAVA GALÁN: «Muchas veces, precisamente hacer la cosa con esa dosis de ironía, puede incluso explicar mejor lo que está ocurriendo».

Maleta de libros entrevista esta semana al escritor Juan Eslava Galán. Había leído con anterioridad su novela En busca del unicornio, muy divertida, aunque en esta ocasión le pregunté por su último libro, La segunda guerra mundial contada para escépticos (Planeta, 2015). Eslava Galán ha publicado entre otros ensayos: Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie (2005), Los años del miedo (2008), Historia de España contada para escépticos (2010), La década que nos dejó sin aliento (2011), Historia del mundo contada para escépticos (2012), o La primera guerra mundial contada para escépticos (2014). Además de En busca del unicornio, es autor de novelas como: El comedido hidalgo, Señorita, La mula, Rey lobo o Últimas pasiones del caballero Almafiera.

Comienzo preguntándole por los motivos, por lo que ha querido contar en este grueso volumen de 750 páginas, no tanto por ‘los tiros, sino la causa de los tiros’ en esta segunda guerra mundial.

Para mí la segunda guerra mundial es la segunda parte de una misma guerra que es la primera, primera que tiene un descanso y viene en la segunda, y es la misma tragedia: el suicidio de Europa a lo largo del siglo XX. Dicho esto, siempre hay variantes de una a otra, pero hay muchas líneas comunes entre la primera y la segunda.

Una segunda guerra mundial que pudo haber sido radicalmente distinta si un pintor mediocre de nombre Adolf hubiera tenido más talento, si se hubiera ganado la vida vendiendo cuadros, por ejemplo, aunque Eslava Galán nos advierte de que ‘también tenemos que preocuparnos pensando que podía haber surgido otro, más inteligente quizás, o más centrado, no tan loco y habernos puesto entonces en la eventualidad de que con este otro Alemania hubiera ganado la guerra y esto hubiera sido terrible.

Una Alemania en la que calaron hondo los discursos de Hitler porque la situación que estaba atravesando el país también era propicia, un caldo de cultivo ideal; se le comento ya que me han recordado un poco a los discursos populistas actuales, por ejemplo, en Grecia y Francia. La Historia siempre se repite… La Historia siempre se repite y nunca aprendemos de ella.

La primera guerra mundial se cerró muy en falso, porque Alemania tuvo que soportar una situación terriblemente abusiva para los alemanes; esto se juntó con la crisis del 29, que repercutió en todos los países industrializados, pero en especial en Alemania, que además ya venía tocada del ala y que tenía que pagar las responsabilidades de la guerra. El terreno estaba abonado para que saliera este tipo, que era un don nadie, a los treinta años no tiene ni oficio ni beneficio, con la pandilla de nazis que son todos gente rarísima, toda la gente que los rodea; estaba abonado para que mediante este discurso violento que cita arrastra al pueblo alemán al que, por otra parte, le dice lo que quiere oír: somos la raza superior, algo que ellos han pensado siempre y lo siguen pensando, y esta injusticia la podemos resolver arrebatándoles los territorios que necesitamos a las razas inferiores. Claro, creer que los rusos son una raza inferior es otro grave error, porque los rusos a lo largo de la guerra han demostrado primero, que saben aprender de sus errores, cosa que los alemanes no saben, y segundo, las armas que producen los rusos son infinitamente mejor que las de los alemanes a pesar de la tecnología.
¿Quién va a ganar la guerra?, pues los rusos.

Le pregunto por el papel de quien nos gobernaba durante el conflicto, pues da la sensación de que el papel ambiguo de Franco y España en el armisticio nos previno de mayores desastres. Según afirma Eslava Galán: En Franco hay que ver distintas actitudes, al principio de la guerra, cuando Alemania está derrotando Francia, él tiene mucha prisa por entrar en la guerra, porque cree que la guerra va a durar un mes y él quiere engancharse ahí. Entonces él le propone a Hitler que él quiere entrar en la guerra. Hitler, que cree que la tiene ganada, desprecia totalmente a Franco y a España porque cree que no está en condiciones de hacer una guerra ni ayudar. Pero después del verano del 40, cuando la batalla de Inglaterra no la ganan los alemanes sino que la ganan los ingleses, Hitler tiene que pensar en un plan B, y el plan B es estrangular la economía inglesa cortando la principal vía que tienen de comunicación con su imperio, que es a través del canal de Suez, el Mediterráneo y el estrecho de Gibraltar. Para cortarla, en el canal de Suez no puede; en el Mediterráneo, tampoco, porque ve que los italianos son poco operativos; pero piensa en Gibraltar: si domino el estrecho por ahí no pasa un barco inglés. Por mar no puede dominar Gibraltar porque el mar lo dominan los ingleses, por tierra necesita la alianza con Franco. Cuando vienen a Hendaya le viene a decir a Franco que sí, que vale. Pero aquí Franco ya ve que Inglaterra no esta tan derrotada como unos meses antes y se ha vuelto más cauto, ya no le interesa.
Hay dos etapas en Franco, una en la que quieren entrar y Hitler no le deja, y otra en la que Hitler quiere y él no se deja, a pesar de lo cual estuvo completamente volcado, a los alemanes les daba el wolframio, la división azul, todo eso.

Curiosamente no solo dependíamos en parte de Francia e Inglaterra, sino que Eslava apunta a que fue gracias a Churchill el que no nos pidieran explicaciones por nuestro papel en el conflicto… Cuando Hitler ya ve que Alemania va perdiendo la guerra, lo primero que hace es guardar la fotografía de Hitler dedicada en el cajón y empieza a tomar un perfil más aliadófilo ya que ve que estos van a ganar la guerra: luego estos van a meterme mano a mí, piensa. Se salvó por Churchill, porque Stalin sí que quería; cito aquí las actas de Postdamm donde Stalin dice que cuando acabemos con Alemania continuamos con España, con Franco, pero Churchill dijo que no: eso va a ser un desprestigio, para usted no, porque usted no tiene trato con España, pero para mí sí. Churchilll realmente le agradecía a Franco, le defendió y defendió a España incluso en la Cámara de los Comunes, porque él sabía que si, que franco había estado con Hitler, pero también había estado con ellos; fue realista.

Así contado parecería que este libro es denso y un poco aburrido, pero hay que tener en cuenta el toque de humor e ironía que Eslava Galán le pone a sus obras y que muchos lectores ya conocen de otros libros sobre la Historia. Me dice que cree que ‘en cualquier tema que se esté tratando siempre tiene entrada la ironía y el humor y muchas veces, precisamente hacer la cosa con esa dosis de ironía, puede incluso explicar mejor los acontecimientos y lo que está ocurriendo.’

Para ponerme un ejemplo de lo que llama ‘el exceso de ingeniería de los alemanes’ cuando ‘de pronto se pusieron a inventar armas del futuro sin ver que la guerra era cosa de años y no había tiempo de desarrollar eso,’ Eslava me cuenta un episodio en uno de los submarinos alemanes más tecnológicos durante la contienda.

Los alemanes hacen varias clases de submarinos durante la guerra, la última es la clase 7C. Uno de ellos el submarino U-206 estaba equipado incluso con un retrete que se podía usar en altas profundidades, porque los submarinos de la época solo usaban el retrete en superficie o cerca de la superficie por el tema de la presión. Este no, este tenía un sistema de válvulas, etc. El comandante del submarino está usando del retreta, tira de la cadena, hay un defecto en este largo sistema de engranajes, con toda la fuerza de las profundidades y la prensión, entra un chorro de agua que inunda, a continuación, las baterías que estaban en la planta de abajo; las baterías, al mojarse, empiezan a soltar gas cloro, que al ser venenoso les fuerza a subir a la superficie, se pierde el submarino por exceso de tecnología.

Dando un salto desde el Atlántico al Pacífico le pregunto por eso de las teorías conspiratorias sobre el bombardeo de Pearl Harbor por los japoneses, el supuesto desencadenante de la entrada de los Estados Unidos de América en la gran guerra.

Bueno, no hay nada que se pueda probar, afirma. Efectivamente, ellos supieron a última hora que iba a haber un ataque japonés contra una base americana, pero no tenían datos concretos si seria en Pearl Harbor. Por otra parte esta la tremenda casualidad de que los barcos más valiosos, los portaviones, ese día no estaban allí, lo que había eran barcos viejos que son los que hundieron, que además, como los hundieron cerca de los muelles, algunos los pudieron reflotar. Esa coincidencia es mosqueante, pero realmente para abonar la teoría de la conspiración harían falta más datos y no los tenemos.

Aunque también comentamos un caso atroz, el de cómo los japoneses probaron con animales el rebufo de los cañones de gran calibre en la cubierta del Yamato japonés… Fue una suerte que pusieran cerdos y no prisioneros, porque los japonenses son así de expeditivos, también se entrenaban con la bayoneta con prisioneros; menos mal que en el Yamato pusieron cerdos para comprobar que el rebufo reduce cualquier ser vivo que haya cerca…, mi interés es por un curioso personaje que aparece en su libro con una historia de novela, me refiero a Klaus, Oscar o Sam.

Quería contar esa batalla a través de los ojos de un gato, después de escribirla pensé que el lector pensaría que estaba inventando una bella historia, de ahí que ponga la foto de Churchill acariciando a este minino. No sabemos bien si el gato al final ha tenido mucha suerte y dijeron vamos a reservarlo a un sitio donde este cómodo y tal, o dijeron: este gato es gafe, mejor es no meterlo en otro barco no vaya ser que lo hunda.

En un tono más distendido también le pregunté por el vocabulario, por las palabras que van apareciendo a lo largo de las páginas y que, lo confieso, me llevó a mirar más de una vez el diccionario, sobre todo con términos muy específicos. Algo que él aprecia y, curiosamente, en ocasiones le lleva a emplear las hojas en blanco al final de los libros.

Yo soy de los que lee con lápiz y si algo me llama la atención, porque creo que me va a poder servir para un libro, lo anoto en la parte de atrás del libro que estoy leyendo. O si no tengo espacio meto papeles con mis notas, porque así, a veces no recuerdo exactamente qué era pero lo mismo sí en qué libro lo vi y acudo a él, al final y digo: ah, es esto. Por eso también agradezco las palabras que leo y que a lo mejor no sé y las busco en el diccionario.
Muchas gracias y mucha suerte, Juán.

Por Ginés J. Vera.

lunes, 19 de enero de 2015

LEOPOLDO ABADÍA: «La humildad nos hace ser normalitos, si yo no sé ingles no se ingles y punto».

Quienes me conocen saben que suelo huir, a la hora de las entrevistas a escritores, de los personajes televisivos. He tenido la oportunidad de entrevistar a gente que ha sacado su primer libro a costa de la popularidad mediática pero he dicho aquello del personaje de Bartleby de Melville, preferiría no hacerlo.

   Quizá por ello sorprenda a propios y extraños ver a Leopoldo Abadía en Maleta de libros. Me resultó curioso el libro, o el título, después el contenido de este y, tras una entrevista muy simpática, decidí que merecía ver la luz en este blog. Otra cosa es lo que opinen los lectores, que seguro que habrá de todo, como en botica (un guiño a los boticarios, claro).

    A Leopoldo Abadía su popularidad le ha venido en parte por los medios de comunicación, por sus predicciones y explicaciones sobre la actual crisis económica; sobre todo a partir de la publicación en 2008 de ‘La crisis Ninja’, considerada la mejor explicación en castellano sobre la primera gran crisis financiera de nuestro siglo. Le entrevisto no sobre la crisis, sino sobre su último libro, ‘Cómo hacerse mayor sin volverse un gruñón’ (Espasa, 2014), hilvanando, ya lo advierto, algunas frases también curiosas de este libro de difícil clasificación.

 ‘A los gruñones no les aguanta ni su padre, porque ellos no se aguantan a sí mismos.’ Menuda frase.
Ni su madre tampoco… El gruñón es una persona que se amarga la vida a sí mismo: yo me amargo la vida a mí mismo y te la amargo a ti. Llega un momento en el que el gruñón es una persona que, al final, la gente se escapa de él. Es un ser molestísimo.
O te cuidas o puedes ser un viejo inaguantable. Hay viejos inaguantables que de jóvenes ya eran inaguantables, va un poco por ahí.

En su libro afirma que este ‘es un libro de jóvenes para gente no tan joven que muestra mi forma de ser viejo’,
Es un libro para jóvenes porque en el libro digo una cosa, te reirás porque la he descubierto hace poco: los viejos no son una raza especial. Yo pensaba que sí, pero claro, llega un momento que los niños de mi clase se han vuelto viejos, o sea, todos sois jóvenes y de aquí a cuatro días, viejos. Entonces claro, yo creo que el viejo es una cosa que todos nos volvemos.
¿Cual quiero que sea mi forma de ser viejo? No la que es, porque no sé si la consigo, es la intentar ser una persona normal, intentar que conmigo se esté bien en la familia, en el trabajo, en las entrevistas que me hacéis…, procurar que con mis amigos esté bien; si yo intento luchar para conseguir eso, creo que me hago un favor a mí mismo y un favor a los demás, si lo consigo creo es una forma de ser viejo. Viejo, lógicamente soy.

‘El que no es humilde es porque se ha fabricado una imagen falsa de uno mismo. La humildad es reconocer nuestras limitaciones.’
Narciso era un tontaina, mitológico, pero tontaina. Esto de la humildad es que me ha pasado, creo que lo cuento en este libro. Tenía un amigo que me quería mucho, me llamaba por teléfono, y siempre me decía: por favor no te lo creas, todo esto. Me daba cuenta de que estaba preocupado por mí.
A mí, ser humilde es en el sentido de decir: yo sé de economía lo que aprendí de dos asignaturas hace 50 años. ¿Usted sabe de economía? Pues no, sé exactamente lo que se.
En la vida, para saber una cosa o para moverse, hay que pisar tierra, que no se es ni el más listo ni el más guapo; es Intentar hacer las cosas bien. Yo creo que la humildad es eso. La humildad nos hace ser normalitos, si yo no sé ingles no se ingles y punto.

Otra frase que me ha parecido interesante es, ‘Hay que estar en continuo aprendizaje, entender de un vistazo lo que ocurre a nuestro alrededor.’.
Esto lo digo, porque yo ahora soy un gurú de la economía. “Muy bien me digo, ¿tú qué sabes de economía?” Soy ingeniero, ingeniero textil, yo no estudié nada de economía; quise estudiar Económicas cuando terminé ingeniero. Estaba la Facultad de Economía en Barcelona, me apunté, hice dos asignaturas, una era Historia de la economía fundamentalmente moderna… que en 1954 era ‘fundamentalmente prehistórica’.

¿Qué pasa?, que si sé una cosa que he visto que sé hacer desde hace 4 o 5 años, y es leer el periódico. Ver lo que pasa hoy empalmando con lo que pasará mañana. Muchas veces acierto cuando digo va a pasar esto. Hago profecías que no cuento a nadie, si acierto, feliz.
Hoy por ejemplo, he leído un artículo de economía de un amigo mío, y me digo: esto es una cosa que estoy viendo yo, estaba barruntándolo y él dice que ha pasado esto.
Yo estoy leyendo dos periódicos al día, La Vanguardia y Expansión, es una cosa que recomiendo a todo el mundo; entonces, ¿qué pasa?, que me doy cuenta que puedo opinar de bastantes cosas y, sorprendentemente, cuando opino de las cosas algunos me las discuten, y pienso a veces si sé tanto como pienso.

He encontrado el método de estar en continuo aprendizaje, que algunos les parecerá muy rudimentario, pues sí; pero yo, a mis 81 años, sigo estudiando, leyendo periódicos, a veces la verdad es que no me apetece nada leer pero hago un esfuerzo, igual que cuando estudiaba de verdad.

Habrá gente que no estará de acuerdo con otra frase de su libro, la más polémica a mi entender. ‘Los chicos jóvenes se han perdido todo lo bueno que era el servicio militar para la educación.’ ¿No le parece?
Ya lo sé, ya lo sé, pues sí.

Yo lo hice (el servicio militar) y fíjate, tuve un mal recuerdo porque mi padre se murió cuando lo hice. Pero creo que tenía muchas ventajas, la disciplina, por ejemplo, porque te enseña, te endurece. Que uno porque lleve una estrellita más que tú te pegue una orden y te cuadres creo que es muy bueno porque creo que se ha ido la mano por otro lado. Para las familias es muy bueno también, que vean lo que es la disciplina.

Creo que es una cosa que forma mucho a la gente; en valores humanos me parece que forma mucho a la gente.

La última me ha parecido también muy impactante: ‘la macroviolencia es el sumatorio de miles de microviolencias.’

A veces oyes: se ha ido con una rubia y ha dejado a su mujer…, no es que iba a misa de ocho y encontró la rubia, no, eso algo de muchos años. A mí, cuando leo que fulano le ha pegado una cuchillada a su mujer y la ha matado, cuando pasa eso, no es que te hayas levantado por la mañana y dices voy a matar a mi mujer; hay muchas cosas.

Creo que en las familias hay que luchar para evitar las microviolencias: la mala contestación, o esos detalles pequeños que hacen de una persona que una casa sea una maravilla o un asco. 

Muchas gracias y mucha suerte, Leopoldo.

Por Ginés J. Vera

lunes, 12 de enero de 2015

CARLOS MOLINERO: «El terror muchas veces utiliza mecanismos muy parecidos a la comedia».

La primera entrevista de 2015 es a Carlos Molinero, ganador del premio Minotauro 2014 por su novela ‘Verano de miedo’. Un pequeño homenaje al editor, traductor y escritor gallego Francisco Porrúa que publicó por primera vez a J.R.R. Tolkien en español, fundador en 1954 de Ediciones Minotauro y que falleció el pasado mes de diciembre. Decía que la entrevista es a Carlos Molinero (1972) autor de varias obras breves de teatro, ha dirigido el documental, junto a Lola Salvador, “La niebla en las palmeras”, y ha escrito guiones para series como “Querido Maestro”, “Paco y Veva”, “El comisario”, “La Fuga”, “Cuéntame” y “Alatriste”. En 2014, además, se estrenó “Verónica”, una pieza de terror espiritista escrita por él.

El formato que va a encontrar el lector, según vaya pasando las páginas, ya dice mucho del perfil de esta historia, ¿cómo decidió maridar una receta con una mancha de tinta, un fax urgente…?

Quería volver a la fuente del vampirismo, a “Drácula” de Bram Stoker, una novela que ya está construida así, con cartas, diarios y hasta alguna grabación sonora. Por otro lado quería que fuera una novela fragmentada, rota, como nos llega hoy la información. Que fuera de lectura trepidante, que pudieras leer en el metro o en el móvil y poder dejar de leer sin perder el hilo y sin perder las ganas de volver a la lectura.

Tres personajes centrales carismáticos y originales, ¿nos habla un poco de Juan, Eva y Jairo sin desvelar nada de ese imprescindible cuarto protagonista?

Mi primera intención es que los lectores se identifiquen con los personajes, en especial los lectores jóvenes. En las novelas tipo “Crepúsculo” sus personajes son adolescentes guapos, fuertes, inteligentes y admirados. Yo no recuerdo la adolescencia así, más bien al contrario. Un tiempo de confusión y autorechazo, pero también un tiempo muy divertido.

Juan es un jevorro que intenta mantener una postura de dureza, pero que en el fondo está bastante asustado. Es consciente de que físicamente no es fuerte, así que su arma más afilada es el sentido del humor. Quiere a quién no le quiere y le quiere a quién no quiere. Otra característica esencial de la adolescencia.

Jairo es un experto en videojuegos que vive más en el mundo virtual que en el real. Vive bajo la sombra de su hermana pequeña a todos los niveles. Tanto que él fue un niño de San Ildefonso que no cantó ningún premio, mientras que su hermana cantó el premio gordo. Es un chico que quiere a quién no le quiere, pero nadie le quiere a él. Y aunque nadie lo diría es un chaval que tiene fe y piensa utilizarla contra la criatura que los persigue.

Eva es una chica gótica, culta, divertida, que juega a los videojuegos casi también como Jairo. El problema es que tiene sobrepeso y a esa edad es casi peor que tener bicefalia. Bueno, a esa edad y siempre. Los que somos gordos vivimos en una especie de marginación perpetua. Algún día montaré un grupo en defensa de los obesos, que bastante tenemos con lo nuestro.
Esta es una novela de crecimiento y los personajes cambian mucho a lo largo de ella, pierden mucho, pero también aprenden mucho. Eva es, sin duda, el personaje que más evoluciona en el libro y al que tengo especial cariño.

¿Qué supone para el autor por una parte y para la obra por otro recibir un premio como el Minotauro 2014?

En mi caso publicar mi primera novela y estar junto a autores que admiro y sobre todo leo. Y para mi novela la posibilidad no solo de existir, sino de ser visible. “Verano de miedo” la escribí hace unos años y en ese momento nadie quiso publicarla. Cuando ya pensaba que solo existiría en mi disco duro llega el Minotauro y la saca del laberinto.

¿En qué medida le ha ayudado su experiencia como guionista a pertrechar esta novela, y hasta dónde cree que las ventas se apoyan a veces en el carisma del autor?, no voy a decir que en el texto de la solapa interior del libro.

Ser guionista me ha servido mucho para estructurar la historia. Dosificar la información argumental, intentar que al final de cada fragmento quede alguna pregunta, alguna emoción que haga seguir al lector. Por otro me ha ayudado al liberarme de las normas rígidas de la escritura del guión y entrar en la cabeza de los personajes, de muchos personajes, que hablan de forma distinta en formatos y medios distintos. La dispersión que es un riesgo en el guión como base para construir la novela.

La ironía a veces va ligada al miedo quizá para que sintamos más su mordedura, su efecto, como esos granos de sal en el chocolate caliente o, más en la línea de ‘Verano de miedo’, como esa cita de Faulkner sobre la cerilla encendida en mitad de un sótano, que no sirve para ver mejor, sino para ver mejor la oscuridad.

El terror muchas veces utiliza mecanismos muy parecidos a la comedia. Este año estrené una obra de teatro “Verónica” de terror y fue muy divertido comprobar cómo la risa y el susto van de la mano.
El sentido del humor, la ironía ante el horror creo que es algo esencial en muchos escritores españoles, es la última arma cuando ya parece todo perdido. Y en “Verano de miedo” los personajes van a..., no quiero reventar la novela, van a necesitar mucha ironía.

Además de la historia, de las horas de entretenimiento y delicioso terror que van a acompañar seguro a los lectores de ‘Verano de miedo’, ¿con qué poso quiere que se queden, al menos los amantes indiscutibles del género?

Con el poso que dejan al final las buenas novelas de terror. No hemos vencido. Solo hemos sobrevivido. Hemos crecido, hemos aprendido, pero hemos pagado un precio muy alto. Las cosas sencillas que nos parecían estúpidas son ahora deseadas, pero son irrecuperables. Hemos perdido casi todo, menos la vida. Y lo esencial: hay un horror todavía más grande que intuimos, pero desconocemos y se está acercando a nosotros.

Muchas gracias y muchos éxitos, Carlos.


Por Ginés J. Vera.