lunes, 25 de enero de 2016

LUIS ZUECO: «La Edad Media nos gusta a casi todos, la tenemos idealizada, pero fue una época oscura».



Entrevisto esta semana a Luis Zueco (Borja, 1979) es novelista, historiador, investigador y fotógrafo. En la actualidad es el director del Castillo de Grisel, fortaleza medieval convertida en hotel con encanto. Además, es ingeniero industrial, licenciado en Historia y máster en Investigación Artística e Histórica, miembro de la Asociación Española de Amigos de los Castillos, vicepresidente de la Asociación de Amigos de los Castillos de Aragón y colaborador, como experto en patrimonio y cultura, en diversos medios de comunicación.

Ha publicado la novela histórica ‘Tierra sin rey’, la guía ‘Castillos de Aragón: 133 rutas’, y con su novela ‘El escalón 33’ recibió la Mención de Honor en el Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza 2012, el Premio al Mejor Thriller Histórico 2012 de la web Novelas Históricas y fue seleccionada en el I Certamen de Novela Histórica Ciudad de Úbeda.
En este caso le entrevisto por su última novela, ‘El castillo’ (Ediciones B, 2015).

La Edad Media no es como nos la han contado a menudo, con esos tintes de romanticismo, más bien era un tiempo de luchas, desigualdades y muertes.
Sí, claro, porque la Edad Media nos gusta a casi todos, por lo que sea o por muchas cosas, porque la tenemos idealizada, porque nos gustan los caballeros, las princesas, las justas, los dragones…, está todo en un enjambre que hace que la Edad Media sea muy atractiva, pero claro, es que la Edad Media no fue así, hay que tenerlo en cuenta. Fue una época oscura en contraposición con la época romana de declive, pero no tanto, que a veces somos injustos, que los romanos parecen los mejores del mundo; en algunos momentos es más justa la sociedad medieval que la romana aunque parezca una barbaridad. En la época medieval no había esclavos y en la sociedad romana sí había esclavos, a los romanos los tenemos por muy civilizados pero existían los esclavos. La Edad Media es una época oscura y las batallas eran mucho más pequeñas en número de lo que tenemos pensado, pero muy sangrientas, porque el material era muy duro. Era eso, una época en la que los cristianos, porque los musulmanes eran otra historia, sufren muchas calamidades sobreviviendo en las montañas, en inferioridad y eso hay que tenerlo en cuenta en la novela.

Respecto a los musulmanes, tal vez estaban más desarrollados en algunos aspectos respecto a los cristianos.
Por supuesto, en todos los aspectos, la sociedad, etc.  Para empezar, los musulmanes son urbanitas y la época medieval cristiana no es urbanita. Los musulmanes tienen una serie de gustos, de refinamientos, tienen cosas que tenían los romanos, por ejemplo el comercio…  Es otro concepto de sociedad que tiene muchas cosas de las anteriores, podemos decir que los salvajes éramos nosotros.

Y además nos resistíamos a ser culturizados.
Eso pasa muchas veces en España, también en la época de la guerra de la independencia, en el fondo las ideas francesas: la libertad, la igualdad, eran las ideas que venían. Queríamos a nuestros reyes, pero la modernidad era eso; es como ahora cuando quieres llevar la democracia a lugares que no saben qué es la democracia. Claro, si no saben lo que es la democracia ¿cómo la llevas?

Casi va al hilo de una frase de la novela, ‘Son muchos los que te pisan cuando estás en la cima, pero pocos los que te empujan para lograr tus sueños’. Parece seguir vigente entonces y ahora.
Sí, bueno, en la novela aparecen muchos nobles, y la relación entre los nobles y reyes es la política, la política ha cambiado muy poco. Por tanto, los intereses, las cuchilladas que había en la Edad Media eran peor que ahora, porque era entre hermanos, ahora por lo menos es entre contrincantes a políticos, pero claro, en aquella época era porque si tú querías reinar solo había un rey; si hay un primogénito tú no vas a ser rey, no porque no seas capaz sino porque yo existo, si yo dejo de existir tú puedes ser rey, esto crea un problema moral importante y más cuando tú, a lo mejor, te has casado con una reina y sí que podrías ser rey, era complejo. Por ejemplo, en el reino de Pamplona, al empezar la novela el reino de Pamplona controla todo en el norte, si el reino acaba su apogeo es precisamente porque muere el rey y se divide la herencia entre todos los hijos; entonces claro, crea unas disputas entre ellos. 

Ellos lo hacían muy bien, ya cuando nacías sabias que ibas a ser rey. Por ejemplo, cuando nace el primer hijo de Sancho lo llama Ramiro, Ramiro no es un nombre de la dinastía pamplonesa, entonces no va a ser rey; al siguiente lo llama Sancho, los reyes de Pamplona solo se pueden llamar Sancho o García, todo tiene su porqué. En Barcelona solo puedes ser rey si te llamas Ramón o Berenguer, si te llamas Pedro no vas a ser rey. Aun así, las relaciones familiares siempre son complicadas.

Para Lope de Ferrech la valentía, la destreza o la inteligencia eran cualidades importantes, pero el mayor don de un hombre era la confianza en uno mismo.
Si, el concepto es atemporal, era como en la Edad Media. Él es un noble nuevo, un noble bajo, lo ha conseguido su padre, él tiene que sacar provecho de lo que ha conseguido su padre; él sabe que está en el escalafón más bajo, pero está en el escalafón de la nobleza, antes sí que podía ascenderse políticamente, sabe que puede hacerlo, pero tiene que acertar con sus aliados y sus estrategias, y una parte de la novela es que intenta acercarse a la persona adecuada, se mueve en el ámbito más político de la novela.

La Iglesia también muy presente, ¿quién infringía las leyes de Dios solo podía recibir la muerte como castigo?
Si, en principio sí, estamos en una época donde la religión lo marca todo, está muy influenciada, estamos cerca del año 1000, bueno, pasamos el mil, pero queda todavía el problema del cambio de milenio, todavía no es la gran iglesia medieval que controla todo, pero está en camino y eso se nota en la vida de la gente, todavía queda algo de paganismo; pero sí, sí, efectivamente, la iglesia medieval es muy fuerte.
Muchas gracias y mucha suerte, Luis.

Por Ginés J. Vera

lunes, 18 de enero de 2016

CLARA USÓN: «En las situaciones límites es donde sale lo mejor y lo peor de la condición humana».


Entrevisto en el Hotel Astoria de Valencia a Clara Usón, la escritora barcelonesa (1961) es autora de varias novelas premiadas, como su primera obra ‘Las noches de San Juan’, premio Femenino Lumen en 1998. Con ‘La hija del Este’ (Seix Barral, 2012) obtuvo el Premio de la Crítica, el Premio Ciutat de Barcelona o el Premio Bouchon de Cultures, en Francia, entre otros.
En este caso la entrevisto por su última novela ‘Valor’ (Seix Barral, 2015) en parte heredera de su anterior ‘La hija del Este’.

Sí, en cuanto a que sigo explorando nuevas formas de contar, le he echado valor también. Está contada de distintas maneras, está contada toda a la vez para crear un aspecto de presente continuo, cuento todas las historias a la vez, de una manera que mi intención es la de que el lector entre enseguida en el juego y no le suponga una gran dificultad. A mí me gustan los malabarismos que podía hacer por ejemplo Faulkner en sus buenos tiempos, pero sé que el lector del siglo XXI es un poco acomodaticio, no lo soportaría. Pensé en algo light, me gustaba que pudiera crear una serie de historias que crearan un contrapunto, constantemente repetimos los mismo errores, da lo mismo contarla toda revuelta.
Luego me di cuenta -por una sobrina mía que se la leyó-, que a los jóvenes esta manera de contar les resulta fácil de seguir porque es una manera de percibir la realidad como lo es por internet. Pero está el valor como principio moral y tenemos la época de Fermín Galán, el revolucionario, el idealista. En el siglo XXI es todo lo contrario, el valor como precio: tanto tienes, tanto vales, y luego lo que es el dogma por antonomasia que es el religioso, que está otra vez de actualidad; ¿quién mata y muere ahora por un ideal? Los fundamentalistas religiosos, y esto nos parece medieval, primario, algo arcaico, impensable en Europa, pero hace 70 años hacíamos esto en Europa, por eso me gusta hurgar en las heridas de la historia.

Precisamente uno de los pilares de arranque de esta novela es la revolución fallida de Fermín Galán en Jaca en 1930.

El germen de esta novela fue la historia de un familiar, el hermano de mi abuela, que tuvo una vida muy intensa, un oxímoron, ya que era un señorito comunista en la Jaca de los años 20 y 30. Participó en la sublevación de Jaca de Fermín Galán y ahí es cuando presté atención a ese episodio de la historia que está muy olvidado como si la historia y las revoluciones que no triunfan que dejan muchos muertos pues las borras. Esta fue una revolución muy curiosa que duró un día: el 12 de diciembre de 1930.
Fermín Galán era un militar republicano de izquierdas, parece un bicho raro, un militar que había estado metido en otras conspiraciones, de hecho lo habían enviado a Jaca ya que era una ciudad al lado de los Pirineos, medio aislada todo el invierno por la nieve, el peor sitio que uno puede imaginarse para hacer la revolución. A Fermín sus compañeros le decían: “Fermín, no hará usted nada en Jaca, ¿verdad? Y él decía: “En Jaca o donde sea, allí donde esté me sublevo.” Y sí, sí, en principio fue una revolución en la que había muchos más conjurados, estaban Manuel Azaña y compañía, Ramón Franco, los sindicatos también estaban metidos, incluso uno de los generales que le juzgó y condenó. Pero estaba tan mal preparada, porque era tan ardiente como chapucero, me gustó las contradicciones.
Total, que el 13 de diciembre se entrega. Estaba huyendo hasta Francia, pero como había habido muertos su conciencia y su sentido del pundonor le llevó a entregarse. El día 14 hubo un juicio sumarísimo, lo mataron a él y a García Hernández en un polvorín  cerca de Huesca. 

Me llamó la atención cómo murió Fermín Galán, tenía treinta años, es un hombre joven que ve que esto va en serio y que va a perder lo único que tiene: la vida; es comprensible que desfalleciera un poco, que mostrara temor, arrepentimiento, que llorara o suplicara clemencia, pero Fermín Galán como un militar, la hombría, el pundonor, muere gritando: ‘Viva la república’, él mismo da la orden de fuego, comanda el pelotón de fusilamiento. Ahí empecé a pensar de dónde nace el valor, por ejemplo, en este gesto de la desesperación: total, está todo perdido; de ese concepto militar de la hombría, del honor, del deseo de dar ejemplo, de pasar a la historia, ¿de dónde nace eso? Y ahí es donde pensé en escribir una historia sobre el valor y sobre lo que significa valor en sus distintas acepciones.

En sus novelas le gusta contar las situaciones límites de la condición humana, ese uno por cien que actúa de manera diferente.

En las situaciones límites es donde se pone más de manifiesto lo que llamaba Faulkner el asunto, las contradicciones del corazón humano consigo mismo, además, abordo hechos reales, o sea, mezclo realidad y ficción. Yo creo que a la historia le viene mejor contarla lo que pasó en términos numéricos y de datos, pero qué podía pasar por la cabeza de los protagonistas esto lo cuenta mejor la literatura.
Es un tema común para un escritor, bueno, es donde sale lo mejor y lo peor de la condición humana, por ejemplo es lo de Yugoslavia, ves gestos de solidaridad y altruismo, y al contrario, de abyección, de vileza.

Con lo de Yugoslavia Clara Usón se refiere, tal como me cuenta, a que 'otro episodio olvidado en la historia de Europa es el holocausto. Se habla y se escribe mucha literatura sobre el holocausto nazi, nunca se acaba, pero nos centramos en el III Reich, en Alemania, y nadie habla de un campo de concentración en el estado independiente de Croacia que fue un estado muy breve, duro cuatro años, un fantasma -un poco como lo de Fermín Galán-, que era un títere de Yugoslavia. Lo invadió Hitler, era una monarquía pero su rey (Alejandro I de Yugoslavia) nunca pisó su reino, no se atrevió; pusieron al frente del estado a un salvaje, a un terrorista croata, Ante Pavelic, que no era muy valiente, pues cuando acabo la guerra se refugió en la España de Franco donde murió plácidamente en la cama. Era tan bestia que hasta los alemanes tenían miedo de sus atrocidades y las de sus hombres, los ustacha, y tenían la peculiaridad de ser ultracatólicos, también Franco lo era, y su obsesión era crear un estado cien por cien ario, croata. Para ellos los serbios eran una raza inferior, eran una minoría de personas, y así como como ahora nos asombra que los chiíes y los suníes fueran enemigos lo que más les preocupaba en Yugoslavia eran los cristianos ortodoxos. Dijeron, con los serbios tenemos la solución: a  un tercio los deportamos, a un tercio los vamos a matar, y al otro tercio los convertimos al catolicismo, las conversiones se hacían a punta de pistola que era un método muy persuasivo o te conviertes o te mato'. 

Me suena a algo actual, a lo del estado islámico.

Por eso, por eso.

Ya entrados en cuestiones políticas me pregunto si no somos pastoreados por los que tienen el poder a cambio de sobrevivir.

Bueno, desde luego, constantemente, sobre todo ahora, vemos la sociedad de consumo, hay algo extraordinario, por un lado están estos nuevos dioses, esas divinidades que se llaman los mercados, que son peores que los dioses de religiones monoteístas porque son despiadados, la misericordia no entra en ellos. En España tenemos que aceptar que los bancos, esos bancos que estábamos rescatando con nuestro dinero, podían echar a las familias, -si un banco no puede pagar se le rescata pero si una familia no puede pagar se la echa a la calle-, y esos pisos se queden vacíos, porque los mercados no toleren otra cosa y lo aceptamos. Es injusto y lo aceptamos, porque ahora mismo el valor es el dinero: tanto tienes, tanto vales; y si no tienes dinero no puedes vivir, hace falta dinero para vivir y así lo vemos, si no tienes dinero no mereces vivir, y no pestañeamos. Cuanto más dinero tienes más persona eres, si no tienes dinero no eres nadie, esto en la época de Galán no pasaba. Hasta para tener hijos los padres hacen cuentas. Nos han metido en la cabeza todo esto, es la nueva religión, hay que desvivirse por el dinero, por culpa de los mercados, por ejemplo las preferentes, de ahí mi personaje de Mati que está muy orgullosa de sí misma porque ha empezado desde abajo y ha llegado a directora de sucursal. En el siglo XXI hay que saber venderse a uno mismo, es una cosa espantosa pero saber vender es la cualidad más apreciada.

Mati Oliván es la madre de Mar, otro personaje con el que comienza la novela.

La relación padre hijo es un tema que me interesa muchísimo, la adolescencia también es un tema que me interesa mucho, esa inseguridad propia de la adolescencia. No eres adulto pero tampoco eres un niño. Ella lo que quiere ser es famosa, está más preocupada por el aspecto físico que por la historia de Fermín Galán o Franco que no sabe quiénes eran. Es una adolescente típica del siglo XXI.

Hay un toque de humor, creo que necesario, en esta novela.

Es un rasgo mío pero por otro lado las atrocidades con cierto humor entran mejor.

Muchas gracias y mucha suerte, Clara.

Por Ginés J. Vera.

lunes, 11 de enero de 2016

JOSÉ LUIS MUÑOZ: «La literatura se alimenta de literatura».



Entrevisto al autor salmantino José Luis Muñoz (Salamanca, 1951) autor de novelas, casi siempre negras, además de artículos, críticas literarias y cinematográficas. Desde hace años conduce el blog ‘La soledad del corredor de fondo’ que acumula cerca de 700.000 visitas. Vive a caballo entre Barcelona y el Valle de Arán y sus libros han sido traducidos al checo, italiano y francés.
Suyas son las novelas Lluvia de níquel, El mal absoluto, La Frontera Sur, La pérdida del paraíso, Lluvia de níquel, Llueve sobre La Habana, Marea de sangre, Ciudad en llamas y Te arrastrarás sobre tu vientre, entre otras.  Ha obtenido los premios Tigre Juan con El cadáver bajo el jardín; Azorín, con Barcelona negra; La Sonrisa Vertical con Pubis de vello rojo; Camilo José Cela con La caraqueña del Maní, y Café Gijón con Lifting, entre otros. Como articulista ha colaborado en numerosas revistas y en los diarios El Sol, El Observador, El Independiente y El Periódico y actualmente lo hace en los medios digitales El Cotidiano, El Destilador Cultural, Tarántula y Calibre 38.
Esta antología de relatos ‘Marero’ (Contrabando, 2015), por la que le entrevisto está encabezada por el relato homónimo que obtuvo en 2013 el prestigioso premio Ignacio Aldecoa.

¿Qué orden y/o criterio ha seguido a la hora de seleccionar estos relatos impares, diecinueve en total, que conforman el volumen ‘Marero’?

Pues le diré que ha sido un poco por orden de caída. Tenía claro que “Marero” iba a abrir el libro de relatos y que “El último inquilino” lo tenía que cerrar. El primero, por su potencia; el segundo para aliviar, con una historia de vampiros, fantasmas y amores románticos, tanta violencia y crueldad vertida en los anteriores. Es un libro de relatos variopinto. Es como una especie de menú degustación literario en el que el lector va a encontrar diversos géneros con los que me siento cómodo: negro, fantástico y erótico. Y tampoco hay un orden cronológico. Hay relatos escritos hace 45 años, como “Revoloteos”, una mosca que observa un asesinato,  junto a otros rabiosamente recientes. 

¿Por qué ha escogido algunos ya publicados y/o premiados junto con inéditos como ‘Fase Terminal’?

Cuando hago una antología propia, en este caso la quinta, el criterio que prima es dar salida y visibilidad absoluta a relatos premiados, que ya no pueden optar a ningún concurso, o publicados en antologías con otros autores. Reunirlos en un volumen era una necesidad: que no se perdieran. Algunos de estos relatos han sido publicados en volúmenes que editan instituciones públicas, pero eso tiene poco recorrido. Compilándolos llegan a un mayor número de lectores. 

Entre los elementos ineludibles en ‘Marero’ están la violencia y la pasión, ¿hasta qué punto el inicio y el final de la vida atraen la curiosidad, cuando no el morbo, del ser humano: la muerte, el sexo…?

Principio y fin. Somos fruto de un acto de amor y la muerte, con frecuencia, es traumática, como, por otra parte, es el nacimiento, y en esos dos momentos estamos solos. Eros/Tanatos, en efecto, preside mi corpus literario. La pasión crea, la muerte, destruye. En el género negro, que es en donde me muevo con más comodidad, la violencia y el sexo aparecen siempre de la mano. En el cine clásico de los cincuenta, en el que todos los que escribimos en clave negra bebemos, el sexo (la rubia peligrosa) generaba violencia (el marido a eliminar). Ni uno ni otro, en mi caso, son complacientes. La violencia me horroriza, y por eso, cuando sale en mis relatos, procuro que también horrorice al que está leyéndolos porque previamente el que los ha escrito se ha horrorizado. No soy tarantiniano. Mis personajes tampoco tienen una sexualidad, digamos, normal, sino más bien desaforada, que les suele causar algún problema. No me interesa el sexo de un matrimonio feliz que lleva cincuenta años casado, sino el que salta de un encuentro esporádico, el que se vive con una intensidad rayana en la locura. Mi literatura va de extremos. 

Más que rozar lo fantasioso creo que estas historias -hasta cierto punto realistas- tienden a una ficción especulativa, a una casuística ficcional, como podría ser el argumento de ‘Llamas de pasión’ o ‘Sed Negra’.

Creo en la lógica interna del relato. Muchos de ellos beben de hechos reales, como es el caso de “Llamas de pasión”. ¿Y si las sombras que se vieron en el Windsor en llamas fueran las de dos amantes pirómanos? A esos amantes, para enlazar con lo dicho anteriormente, la pasión sexual les hace olvidar el peligro de las llamas. Lo deciden así. Cuando escribí “Sed negra” estaba retrocediendo a ese paisaje desértico, Mad Max, de los Monegros de mi juventud, cuando atravesarlos en coche era una pesadilla. En la especulación fantasiosa cabe, además, la crítica social. “Ciudad en llamas”, una novela distópica, anticipaba bastante lo que está sucediendo en el mundo actual con gobiernos títeres de las corporaciones industriales que son las que dominan el mundo. 

¿Hay algún personaje con el que se identifique en mayor o menor medida, quizá el del último relato en busca de ese clima propicio al que aludía en otra pregunta?

Si con alguien me identifico es con el escritor de “El último inquilino”, por supuesto. Es un alter ego. Me hubiera gustado boxear, porque me gusta ese ritual de los boxeadores en el ring, que es casi un baile masculino, pero me faltaba agresividad. Suele decirse que el autor está en su obra. Eso funciona de un modo relativo. En algunas obras estoy al 30%. En otras no llego ni al 2%. No me identifico con el policía asesino de “Fase terminal” al que un sicario le impone la condena que no le pudo poner la justicia ordinaria, pero me interesaba contar la historia e imaginar el suplicio de la agonía de ese ser abyecto. Hay otro que soy yo, el protagonista de ”Última cena en Sofía”, que es lo que puede suceder cuando alguien se cita a ciegas con un admirador/a que conoce por Facebook y no es quien dice ser. El de “Oscuro despertar”, que se publicó en la revista Interviú, es Juan Madrid, en recuerdo de una farra monumental que nos corrimos, precisamente, en la ciudad de Valencia hace más de treinta años. Se lo dije, cuando me presentó el libro en Málaga, y se acordaba, lo que da idea de la magnitud del evento. 

Advierto toques literarios entre las páginas, referencias a obras de otros autores como pueden ser el Ulises de Joyce o la Casa Tomada de Cortázar o más delicadamente como las novelas policiacas en ‘Vuelo a Orly’ o el oficio del protagonista de ‘El último inquilino’ (perdón por repetirme).

La literatura se alimenta de literatura. La dicotomía escribir o vivir es falsa. Escribir es vivir. Como leer es vivir. Gracias a mis lecturas de infancia, del Jack London buscador de oro, he ido hace unos años a Alaska. Gracias a Sommerseth Maugham estuve en el Raffels Hotel de Singapur. Por ello en mi obra hay frecuentes referencias a la literatura y a los escritores, y buena parte de los protagonistas de mis novelas (“Lifting”, “Patpong Road”) son escritores.  El “Ulises” de Joyce lo nombro porque no lo soporto, a pesar del peso gigantesco que ha tenido en la literatura. Con Cortázar sucede otra cosa. Cortázar es mi maestro. Con Cortázar descubrí el lado lúdico de la escritura. “Calle cortada”, el relato de la antología, es cortazariano por reflejar exactamente una anécdota que me afectó personalmente. Ese relato, como “Vuelo a Orly”, fue escrito como exorcismo. El primero para sobrevivir a unas obras infernales que me tenían cercado en mi casa de Granada; el segundo, para poder tomar un avión que me llevaba a Nueva York una semana después de que ese vuelo a Orly no llegara nunca a su destino.
El protagonista de “El último inquilino”, un encargo de Fernando Marías, debía ser escritor para encontrarse con sus fantasmas en ese piso del Ensanche barcelonés que recreo gracias a una serie de viviendas que visité, para comprarlas, y me produjeron una mala vibración. Esas casas lúgubres las tenía en la memoria y saltaron al relato en cuanto me puse a escribirlo. 

Barcelona se nombra en varios de los relatos, imagino que por ‘proximidad geográfica’, ¿es una ciudad que se aviene bien a argumentos y contrastes narrativos?

Barcelona es un personaje. No pasa con todas las ciudades. Viajo mucho, esa es otra de mis pasiones, y sé cuándo una ciudad es literaria o no. Munich, Bangkok, Caracas, Los Ángeles, Tijuana, Las Vegas… Las ciudades son entes vivos. La vitalidad de Barcelona me sorprende a mí mismo que, aunque nacido en Salamanca, me considero hijo de la ciudad, de uno de sus barrios con más personalidad: Gracia. Mi segunda novela se llamó “Barcelona negra”. Como toda ciudad portuaria, la Ciudad Condal ha sido, es y será escenario de narraciones de corte negrocriminal. En algunas de mis novelas, en “Te arrastrarás sobre tu vientre” o “Pubis de vello rojo”, recreo esa Barcelona cutre, a años luz de la de diseño, de ese barrio Chino que ya es historia pero que podemos revivir gracias a la literatura de Manolo Vázquez Montalbán o Francisco González Ledesma. Luego están las fronteras sociológicas de la ciudad. La Barcelona sur separada por la Diagonal de la Barcelona norte. Sur y norte. Otra de mis constantes. La frontera entre la racionalidad, norte, y la pasión, sur, localizadas en esos puntos cardinales también en el cuerpo humano. Escribí una novela ambientada en Estados Unidos y México, “La Frontera Sur”, en el que ese dato era fundamental. Quizá por eso vivo en una zona fronteriza.  

Me preguntaba por sus manías como escritor, ¿necesita un silencio absoluto? ¿Tiene algún objeto fetiche en su mesa o despacho? 

Silencio absoluto y nadie a cuatrocientos metros a la redonda. Mejor de noche que de día. Elegir como lugar de residencia el Valle de Arán fue algo muy pensado. Me gusta mucho la montaña, perderme por los bosques, pero cuando lo hago estoy disfrutando y trabajando porque se me ocurren historias negras que suceden en el ámbito rural. Tengo en mi mesa de despacho una botella de Ballantine’s, pero el vaso lo suelo tener en la cocina, dos pisos más abajo, para que no me entren tentaciones. Cuando escribo en clave negra suelo ponerme a Miles Davis. Una novela épica, que las tengo, “La pérdida del Paraíso”, exige Wagner. 

¿Qué busca el lector de relatos en una antología que no encontrará en una novela? Se lo pregunto consciente de que se lee poco y que los lectores cada vez miran más a la hora de escoger entre la variada oferta de las mesas en las librerías.

Determinado lector se deja influencias por el número de páginas. Los veo cargados con libros pesados y voluminosos, difíciles de manejar. Este libro tiene 800 páginas, pues tiene que ser bueno porque si no el autor no se habría puesto. El relato, por su brevedad, tiene que ser intenso y perfecto como una pieza de relojería. En la novela puede haber divagaciones, tiempos muertos incluso, bajadas de ritmo. El relato suele ser fruto de un impulso literario y se escribe de una tacada, y de la misma forma se lee. La historia entra como un fogonazo y te pones a escribirla. Pero no hay tradición de leer a cuentistas en nuestro país. Hay maestros en el género corto que no lo fueron en el largo: Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Antón Chejov, Raymond Carver…Ignacio Aldecoa fue uno de los nuestros. “Marero” ganó el premio Ignacio Aldecoa. Ese relato, en última instancia, es el culpable de que este libro esté en la calle. 

Muchas gracias y mucha suerte, José Luis.

Por Ginés J. Vera.

lunes, 4 de enero de 2016

MARI JUNGSTEDT: «Tenemos en la pared papelitos y cada papelito tiene su capítulo».



Entrevisto en su hotel de Madrid, recién llegada a España para promocionar su última novela ‘Mar de nubes’ (Maeva, 2015), a la escritora sueca Mari Jungstedt (Estocolmo, 1962). ‘Mar de nubes’ es la primera de una serie negra con las islas Canarias como escenario. Además del emplazamiento, la gran sorpresa es que esta novela está escrita con el también escritor, ilustrador, diseñador y músico noruego Ruben Eliassen (Trondheim, 1968)
Foto cortesía de Maeva Ediciones
  Los libros de Jungstedt, de la serie de Gotland, protagonizada por el comisario Anders Knutas y el periodista Johan Berg, han vendido más de tres millones de ejemplares, con otra pequeña y tranquila isla sueca de escenario.
Jungstedt nos cuenta cómo el destino unió a estos dos escritores en el archipiélago canario de forma casual para acabar siendo pareja no solo literaria.
«Yo estaba en Gran Canaria escribiendo mi novela de Gotlan, yo estaba allí alquilando una casa, recién divorciada después de veintitrés años con mi exmarido, y yo me encontré con Ruben  que también es autor y nos enamoramos completamente, ¿no? Muy rápido, vivimos juntos, compramos una casa en Arginegín».
Como autores afirma que están muy influidos por el ambiente donde viven y la gente y todo a su alrededor, ‘claro que esto ha influido muchísimo’. No es de extrañar que el origen de esta novela surgiera de ese ambiente, concretamente mientras daban un paseo.
«Una noche fuimos a caminar, a dar una vuelta antes de acostarnos; tenemos la casa arriba del puerto de Arguineguin y en el puerto tienen restauración de barcos, también hay barcos en tierra que se están restaurando. Estuvimos caminando y hablando sobre la construcción de los barcos  canarios que son diferentes de los barcos escandinavos, entonces Ruben, que es un hombre muy curioso, se subió a una escalera para ver dentro de un barco y cuando estaba dentro del barco él me dijo que había abierto la bodega donde guardan el pescado. Cuando él estaba abriendo la bodega yo le grité: «Oh, ¡ahí hay una mujer desnuda, muerta, alrededor de pescado! Y él me dijo: «Aquí no hay nada». Pero yo vi como un fragmento de una idea, la chispa, se puede decir, una chispa de una idea: lo que yo había visto era una visión de una mujer ahí, y el libro realmente empieza con un barco de pesca que está pescando en el puerto de Arguineguín y los pescaderos descubren una mujer muerta desnuda bajo la iglesia Noruega. Y así empezó como se puede decir la idea de escribir esta novela. Después de esto, a la vuelta, por la noche, empezamos a hablar: “A lo mejor podemos escribir una novela negra de aquí”. Y caminando mucho al lado del mar y hablando sobre el libro y los personajes y todo ha crecido la historia y todos los personajes».
Precisamente por los personajes de la novela, de cierto paralelismo le preguntamos si se identifica con Sara Moberg.
«Sí, yo creo que sí, tenemos dos protagonistas principales, o tres, se puede decir; yo pienso que yo soy más Sara y él es más Kristian, porque Sara es sueca, está casada con dos hijos tiene su casa en san Agustín, trabaja en el periódico Dag & Natt (que también existe en la realidad) y tiene su vida muy ordenada; ella es una persona muy estable, yo me identifico mucho con Sara, es verdad».
Sobre lo del orden y cómo se han organizado Ruben y ella para escribir esta novela, Jungsted nos cuenta que «Ruben tiene más facilidad para los capítulos de Kristian y yo para los de Sara, pero cuando trabajamos juntos estamos en la misma habitación, en el mismo despacho, enfrente el uno del otro, pero cuando escribimos no podemos molestar. Cuando yo he escrito un capitulo se lo mando a Ruben y cuando él tiene tiempo se lo lee, hace sus comentarios, sugerencias, cambios, etc. y él me manda el capítulo por email. Y así funciona, todos los capítulos van muchas veces, a lo mejor diez veces entre nosotros, por eso tenemos influencia, yo creo, en todos los capítulos, de los dos».
Aún nos desvela un poco más sobre el proceso creativo al explicarnos que «por las mañanas tenemos una reunión y decidimos qué vamos a escribir, qué capítulos: ‘pues yo quiero escribir este capítulo…’ Porque hemos decidido un plan, más o menos, del libro, qué va a pasar y todo esto. Tenemos en la pared papelitos y cada papelito tiene su capítulo y cada personaje tiene su color y así podemos ver en la pared qué vamos a escribir. “Hoy yo quiero escribir este capítulo”, entonces decidimos y empezamos a escribir».
Pero si algo caracteriza la obra de Mari Jungsted es la manera en la que logra mantener la tensión a lo largo de las páginas. Nos confiesa que es porque usa un método de cuando trabajaba en televisión. «He trabajado antes en la televisión, diez años,  de alguna manera uso esta trama también en mis libros. Uso capítulos cortos y también capítulos que terminan con mucho suspense. Y esta variación en el libro me parece que es algo muy bueno para el suspense, utilizo esa manera de escribir, es verdad».
Jungstedt  con Eliassen inician con Mar de nubes una serie pero sin dejar de lado la saga que la ha hecho famosa. «También continuo la seria de Gotlan, mucha gente cree que va a terminar, pero estoy trabajando ahora con el libro trece en esta saga de Gotlan. Gotlan es también una isla pequeña y tranquila y no pasan muchas cosas, pero esto son libros, es ficción y se puede, es imaginación, también es una cosa que me gusta, estos contrastes, que pueden pasar cosas en el paraíso».
Sobre esos contrastes, los gustos y su afición al género negro le preguntamos desde la óptica de la muerte, ya que novelando tanto a su alrededor seguro que tiene un concepto interesante, ¿qué concepto tiene de la muerte Mari Jungstedt?
«¿Yo? ¿Cómo yo veo la muerte? Yo creo que tengo miedo de la muerte, tengo miedo de la muerte y no entiendo cómo funciona,  yo creo que tengo miedo de la oscuridad y yo creo que por eso también es una de las razones por las que escribo la novela negra».
¿Para comprenderla?
«Sí, yo creo que sí. Para, ¿cómo se dice?, para encontrar con tus demonios».

Muchas gracias y mucha suerte Mari (y Ruben).

Por Ginés J. Vera.